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miércoles, 24 de enero de 2018

Caperonia / Botoncillo

Género Caperonia
"Caperonia: El nombre del género honra la memoria de Noël Caperon, o Capperon de Orleans, boticario protestante, asesinado por una turba de católicos en 1572. Fam. Euphorbiaceae." (González, J.: “Explicación Etimológica de las Plantas de la Selva”, Flora Digital de la Selva, Organización para Estudios Tropicales).
El género fue descrito y publicado en 1826 por el botánico francés Auguste François Cesar Prouvençal de Saint-Hilaire (1779-1853).  
Familia: Euphorbiaceae.
"El nombre de la familia tiene su origen en en el género Euphorbia L. "Creado por Carlos Linneo en 1753, honrando a Euphorbus, médico griego del Rey Juba II de Mauritania. Juba fue educado en Roma y contrajo matrimonio con la hija de Cleopatra y Marco Antonio. Euphorbus realizó estudios sobre el látex de varias especies africanas, encontrando que varias de ellas tenían propiedades tóxicas, y que podía usarse para envenenar flechas." (González, J.: “Explicación Etimológica de las Plantas de la Selva”, Flora Digital de la Selva, Organización para Estudios Tropicales).
Caperonias (Caperonia palustris) en zona de Av Alvear 2900 de Resistencia (Chaco, Argentina).

Para el Chaco se citan
Caperonia castaneifolia (L.) A. St.-Hil.
Epíteto "castaneifolia", en referencia a sus hojas  similares a las del género Castanea de las Fagaceae.
Hábito: Hierba Perenne. Status: Nativa
Distribución Provincias: Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Misiones, Santa Fe.
Países Limítrofes: Paraguay, Uruguay. 
Nombres comunes: Caperonia (español). Erva de bicho branca (portugués). Birdeye, Mexican weed (inglés).
Caperonia cordata A. St.-Hil.
El epíteto "cordata" en referencia a las hojas acorazonadas propia de esta especie.
Hábito: Hierba o subarbusto Perenne.
Status: Endémica.
Distribución Provincias: Buenos Aires, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Misiones, Santa Fe. 
Países Limítrofes: Brasil, Paraguay, Uruguay. 
Caperonia palustris (L.) A.St.-Hil.
El epíteto "palustris", en referencia al hábitat característico de la especie, que crece en lugares pantanosos o cenagosos.
Hábito: Hierba acuática Perenne.
Status: Nativa.
Distribución Provincias de Argentina: Buenos Aires, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Misiones, Salta, Santiago del Estero, Santa Fe, Tucumán. 
Países Limítrofes: Brasil, Paraguay. 
Nombres comunes: Birdeye, Botoncillo, Caperonia, Escoba, Escoba dulce, Mastrantillo, Rabo de gato, Sacatrapo, Yerba de la magdalena (español). Castanheiro do brejo, Erva mexicana (portugués). Mexican weed, Texasweed (inglés). Male coq d'Inde, Ortie grosse (francés). 
Herbácea o subarbusto de porte erecto, raíz con rizomas, tallos con entrenudos huecos, hojas alternas, lanceoladas, con nervaduras salientes, ásperas, pecioladas, de márgenes dentados. 
Inflorescencias en espigas axilares y terminales de pocas flores blancas; frutos en cápsulas verdosas (tricoca), semillas redondeadas.
Se localiza en lugares inundables, de acumulación de agua, zanjas y pantanos.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Curupí

Sapium haematospermum Mull. Arg. / Curupí
Nombre genérico del celta sap (manteca o grasa), en alusión a la abundante resina del látex y el epíteto "haematospermum" derivado del griego con el significado de "semilla roja", de aimathos / haemato  (sangre) y sperma (semilla). (PIARFON, Monte y Espinal, Área Etnobotánica). 
"Sapium: El nombre del género aparentemente tiene su origen en una palabra celta que significa "grasoso, untuoso", que Plinio originalmente había usado para llamar a una especie de Pino y a su resina. Jacquin, sirviéndose del mismo sentido, aplica el nombre a un árbol que produce "un jugo untoso y venenoso". Fam. Euphorbiaceae." (González, J.: “Explicación Etimológica de las Plantas de la Selva”, Flora Digital de la Selva, Organización para Estudios Tropicales)
Familia: Euphorbiaceae. Subfamilia: Euphorbioideae
El nombre de la familia tiene su origen en en el género Euphorbia L. "Creado por Carlos Linneo en 1753, honrando a Euphorbus, médico griego del Rey Juba II de Mauritania. Juba fue educado en Roma y contrajo matrimonio con la hija de Cleopatra y Marco Antonio. Euphorbus realizó estudios sobre el látex de varias especies africanas, encontrando que varias de ellas tenían propiedades tóxicas, y que podía usarse para envenenar flechas." (González, J.: “Explicación Etimológica de las Plantas de la Selva”, Flora Digital de la Selva, Organización para Estudios Tropicales). 
Origen: Nativo de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
En Argentina se cita para las provincias de Buenos Aires, Catamarca, Chaco, Córdoba, Corrientes, Distrito Federal, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, Misiones, Salta, Sgo. del Estero, Santa Fe y Tucumán.
"Curupí" en Parque Ávalos, Resistencia (Chaco, Argentina) 
Nombres comunes: Árbol de leche, Blanquillo, Curupí, Lecherón, Mata ratas, Mata torcida, Palo de leche, Pega pega, Punuá (español).  Kurupí (guaraní)/ Curupicay; Curupicá-í; kuru pi’y / Kurupikai / Kurupiká-y / Curupí-caí; Curupikí ; Chaxayic / Chaxayeec (toba)*. Sáatuk (chorote)**. Fruto de cachorro, Leiteira, Leiteiro chorão, Mata ratos, Mutuqueira, Sarã, Sarã de leite (portugués, Brasil).
*(Martínez, Gustavo Javier: Fitonimia de los Tobas Bermejeños (Chaco Central, Argentina), Centro del Hombre Antiguo Chaqueño (Chaco), Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica).
**(Scarpa, Gustavo F.: Etnobotánica Médica de los Indígenas Chorote y su comparación con la de los criollos del Chaco Semiárido (Argentina).
En el Informe de la Comisión Exploradora del Chaco, Arturo Selstrang señala que "El Curupicay se conoce también con el nombre de pega-pega, porque al cortarlo o extraer la corteza despide una savia blanca, abundante y muy pegajosa. Sus hojas como de ocho centímetros de largo sobre uno de ancho. Su madera es blanca, liviana y excelente para la carpintería de obra blanca, pudiendo reemplazar el pino en muchos usos." (Seelstrang, Arturo: Informe de la Comisión Exploradora del Chaco, Prim. Edic.: Tipografía y litografía del "Courier de la Plata", Buenos Aires 1878; 2a Edic. EUDEBA 1977).
Hieronymus hace algunas consideraciones sobre sus propiedades y antiguos usos aborígenes en la zona conocida como Gran Chaco, una de las principales regiones geográficas de Sudamérica, que ocupa territorios de cuatro países: Argentina, Paraguay, Bolivia y Brasil.
"Sapium aucuparium var. stenophyllum; Sin. Sapium haematospermum. N. v. lecherón, árbol de leche, curupí, curupí-cay, pega-pega.
Árbol mediano de 8 metros de altura mayor ó arbusto mas bajo. Posee una savia blanca, lechosa, pegajosa y muy venenosa que, sin embargo, se usa contra úlceras sifilíticas, elefantiasis, verrugas, etc., mientras que el extracto de las hojas ha sido empleado para sustituir al acónito (especie de Aconitum) y al zumaque venenoso (Rhus toxicodendron) contra los reumatismos crónicos, gota, perlesía, neuralgia facial, ciática, etc. La madera es blanca, blanda, liviana y excelente para obras de  carpintería, pero no sirve para hacer carbón. Los indios del Gran Chaco saben usarla para las puntas de sus flechas y se dice que las lastimaduras hechas por ellas tienen un efecto mortal en caso quede algún pedazo de madera en la herida". (Hieronymus, J.: Plantae diaphoricae florae Argentinae, Buenos Aires, 1882).

Sapium haematospermum Müll. Arg., N.v. "sáatuk". Su hoja calentada al fuego se aplica directamente sobre los forúnculos como vulnerario*. (Scarpa, Gustavo F.: Etnobotánica Médica de los Indígenas Chorote y su comparación con la de los criollos del Chaco Semiárido (Argentina). Darwiniana, Vol. 47, Núm. 1, 2009, REDALYC, Sistema de Información Científica). 

En Plantas del Chaco II, sobre los usos tradicionales Izoceño-Guaraní registran el nombre Kurupikai, del que se dice existen tres variedades: uno es el llamado Kurupikai guasu (Sapium haematospermum) y los otros dos son herbáceas, llamadas Kurupikai mi (Asclepias boliviensis y A. curassavica).
Los tres tienen igual uso medinal-ritual, estas plantas las emplean los paye para curar a una persona que sufre a consecuencia de una hechicería ("el bicho"), provocada por el brujo (en guaraní mbaekua). "El paye cura primeramente con su propia manera de hacer y luego procede a quemar la planta para que el paciente aspire el humo. También el paye puede hacer gotear la resina de la planta en la nariz del paciente, para eliminar el "bicho". (PLANTAS DEL CHACO II, Usos tradicionales Izoceño-Guaraní, Santa Cruz, Bolivia, 2002).
Árbol autóctono de pequeño porte, copa irregular, follaje caducifolio color verde claro de hojas péndulas, simples, alternas, lanceoladas y con bordes que presentan un aserrado muy fino. Inflorescencias en espigas amarillo verdosas en los extremos de los tallos. Frutos en forma de cápsula globosa de aproximadamente un centímetro de diámetro.
Se caracterizan por su propiedad cauchífera, de las incisiones de su corteza segrega una sustancia blanca (látex*), de allí el nombre de lecherón. Crece en zonas ribereñas, en cercanía de  ríos y arroyos.
*Látex: es una emulsión acuosa de sustancias insolubles, resinas y caucho, con azúcares, gomas y alcaloides, que circulan por tubos laticíferos en el cuerpo de algunas plantas. (Las plantas y su estructura, Facultad de Agroindustrias, Universidad Nacional del Nordeste, Chaco, Argentina).  


Refiere Lillo: "Sapium haematospermum Mull. Arg. "Hab.: Misiones, Corrientes, Chaco, Santa Fe, Formosa, R. Ríos, B. Aires, Salta, Tucumán, Santiago, Catamarca. Circunferencia media: m. 1,40. Árbol que vive en los campos abiertos ó a orilla de los grandes bosques; viene grueso pero no muy alto; es abundante; tiene corteza rugosa y hoja algo ancha; madera fofa e inútil; cortándolo da abundante leche, de eso el nombre de "Lecherón". En Corrientes emplean la leche de este árbol para curar el dolor de muelas. Los indios misioneros hacen con él un pega-pega con el cual cazan loros y palomas. Guarany: Curú: verruga; pi: corteza; cay: del agua´. "Árbol que crece cerca del agua con corteza verrugosa". (Lillo, Miguel: Contribución al Conocimiento de los Árboles de la Argentina según colecciones y observaciones de Santiago Venturi, 1910 y 1924, Biblioteca Digital del "Real Jardín Botánico).
La "Fundación de Historia Natural Félix de Azara" se refiere a las características del Curupí: 
“Nunca cesaremos de asombrarnos por la variedad de productos que han brindado los árboles al hombre. Uno de los casos más celebres es el del árbol del caucho (Hevea brasiliensis), que da la materia prima de la goma. Pues bien, el curupí es la versión criolla, dueño de muchas otras bondades. Se lo emplea en el campo para fabricar el pega-pega, que sirve como pegamento casero. Por ello, no es raro hallar cerca de lugares habitados la corteza del curupí tajeada en una serie vertical de “v” para hacer fluir la goma. Cuenta José Santos Biloni, botánico de gran trayectoria en la divulgación de nuestra flora, que durante la Segunda Guerra Mundial, ante la caída de las importaciones de caucho a la Argentina, se ensayó su reemplazo por el látex del curupí. Aunque se lograron obtener cubiertas para automóviles, resultaba costosa la operación de separar la goma de la resina, por lo cual no perduró tan interesante emprendimiento.” (Especies Nativas de la república Argentina, Fundación de Historia Natural Félix de Azara).
Mitos y Leyendas: El Kurupí
"Sobre este ser diabólico asegura la creencia que es la aparición maligna más antigua del mundo guaranítico. Además, las investigaciones muestran la presencia del Kurupí en todo el territorio sudamericano, aunque con distintas denominaciones y variados aspectos antropomorfos, y solo en nuestra área adquiere los nombres de: Agnan, Caá Guerré, Kurupira, Temote y Coropio.
Este primitivo demonio del bosque, que en realidad sería un Dios menor del Olimpo Guaraní, aparecería en la mitología aborigen para perseguir a los indígenas que hubieran depredado los alimentos que proporciona la selva. Para los guaraníes y criollos actuales, Kurupí muestra variados aspectos y cualidades. Según la región, para algunos es un pigmeo con las partes sexuales extraordinarias, tan deforme que alcanza a dar vuelta por la cintura de su pequeño cuerpo.
En el siglo XVII, en la zona guaranítica argentina, el Kurupí aparecía con un cuerpo deforme, sin coyuntura, cara con rasgos aborígenes, enormes orejas, con su posible denominación cururú: sapo y piré:cuero. Dotado de una fuerza prodigiosa, anda armado de un hacha de piedra. Hace su habitáculo en el hueco de los troncos. Muestra o esconde la caza y atrae o desorienta al depredador.
Para el siglo XIX se anima a abandonar la selva y se atreve a perseguir mujeres que vivían en pequeños poblados rurales; generalmente conseguía violarlas, pues es un ser con mucha astucia. Haciendo analogía con la mitología clásica, Kurupí sería igual a Dionisio entre los egipcios y griegos, o los sátiros y los faunos, símbolos de la naturaleza.
De todas maneras, en territorio argentino, en la actualidad, aseguran que Kurupí es un niño moreno de rostro diabólico que, al caer la noche, llora y llora a orillas de los montes y, para evitar esta molestia, los lugareños dan un corte al tronco del árbol llamado “kurupí kaí”, para que el pequeño ser acuda a beber el líquido lechoso que segrega y calmar, de esa manera, el molesto e interminable llanto.” (tomado de “La riquísima mitología guaraní”, de Ertivio Acosta, Edit. por el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, Subsecretaría de Cutura, Gobierno de la Provincia del Chaco, 2005)
Mitología Guaraní 
Kurupi: el quinto hijo de Taû y de Kerana, uno de los personajes mitológicos de la cultura Guaraní.
Kerana: Diosa del sueño. La hija mimada de Marangatu. Después de siete días de lucha cuerpo a cuerpo entre el espíritu del bien Angatupyry y el espíritu del mal Taû, éste venció a aquél mediante la intervención de Pytãjovái. Luego Kerana fue raptada por Taû, de cuya unión salieron los siete fenómenos sietemesinos. Murió de pesar en el cerro de Yaguarón.
Al llegar siete plenilunios, o sean siete meses, Kerana dio a luz el primer hijo monstruo. Era su figura la de una iguana-perro con siete cabezas. Siguieron los alumbramientos cada siete meses hasta completar los siete mitos conocidos en las leyendas guaraníes hasta nuestros días. Ellos son: Teju jagua (iguana-perro), Mbói Tu'î (víbora-loro), Moñái, Jasy jatere, Kurupi, Ao-Ao, y Huicho o sea, el Luisón, que fue el séptimo hijo. 
Kurupi: Espíritu de la sensualidad, dominador de las selvas y de los animales silvestres. Tenía la afición de secuestrar mujeres y criaturas. Su miembro viril era tan largo como un lazo. En los montes existe una especie de liana con el nombre kurupi rembo. (tomado de “Nuestros antepasados” /Ñande Ypy Kuéra/ Los siete mitos generados de Taú y Kerana, Cap. VI, de Narcizo R. Colmán (Rosicrán).
Vínculos
Proyectos de Investigación Aplicada a los Recursos Forestales Nativos PIARFON, Alternativas de sustentatibilidad del bosque nativo y del Espinal, Área Etnobotánica, por Pensiero, Muñoz, Martínez.

lunes, 20 de febrero de 2017

Género Croton

Género Croton
"Croton: El nombre del género tiene su origen en la palabra griega kroton, que significa "garrapata", aludiendo a la semejanza de las semillas de algunas de sus especies, con éstos ácaros."
Familia: Euphorbiaceae.
El nombre de la familia tiene su origen en en el género Euphorbia L. "Creado por Carlos Linneo en 1753, honrando a Euphorbus, médico griego del Rey Juba II de Mauritania. Juba fue educado en Roma y contrajo matrimonio con la hija de Cleopatra y Marco Antonio. Euphorbus realizó estudios sobre el látex de varias especies africanas, encontrando que varias de ellas tenían propiedades tóxicas, y que podía usarse para envenenar flechas." (González, J.: “Explicación Etimológica de las Plantas de la Selva”, Flora Digital de la Selva, Organización para Estudios Tropicales).
Para el Chaco Argentino se citan:
Croton andinus Müll. Arg.
El epíteto andinus (de los Andes), en referencia a su hábitat  característico.
Distribución Provincias: Catamarca, Chaco, Córdoba, Formosa, Jujuy, Salta, Sgo. del Estero, Tucumán.
Países Limítrofes: Paraguay.
Hierba Anual o perenne. Nativa.
Croton argenteus L. (Croton argenteus L. /  Crotón / Lapaxai laue en cercanías del puente General Belgrano - Chaco-Corrientes)
El epíteto argenteus hace referencia a las láminas foliares con el envés blancuzco (del latín argentum: blanquecino).
Distribución Provincias: Buenos Aires, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, Salta, Sgo. del Estero, Santa Fe, Tucumán.
Países Limítrofes: Paraguay.
Hierba Anual. Nativa.
Diagnóstico: Se reconoce por su hábito herbáceo o subarbustivo, muy ramificado, con los tallos rojizos al estar frescos; hojas a menudo rómbicas con el envés densamente cubierto por tricomas estrellados argenteos y racimos cortos, aglomerados al final y con frecuencia ocultos por las hojas nuevas. (González, José: "FLORA DIGITAL DE PALO VERDE", EUPHORBIACEAE, Organización para Estudios Tropicales, 07/Ago/2007).

Croton bonplandianus Baill. / Tupucharo / Escoba negra
El epíteto bonplandianus rinde homenaje a Aimé Jacques Alexander  Bonpland (Goujaud), conocido entre nosotros como Amado Bonpland, nacido en 1773 en La Rochelle y muerto en la provincia argentina de Corrientes en 1858, luego de haber llevado a cabo numerosas exploraciones y viajes botánicos.
Distribución Provincias:  Catamarca, Chaco, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Sgo. del Estero, Santa Fe, San Juan, San Luis, Tucumán.
Países Limítrofes:  Paraguay, Uruguay.
Hierba Perenne. Nativa
Croton lachnostachyus Baill. / Tinajera 
Distribución Provincias: Catamarca, Chaco, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Sgo. del Estero, Santa Fe, San Luis, Tucumán.
Países Limítrofes:  Paraguay.
Arbusto (Perenne). Nativa. 
Croton parvifolius Müll. Arg. 
Epíteto parvifolius: que tiene hojas pequeñas.
Distribución Provincias: Buenos Aires, Chaco, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Sgo. del Estero, Santa Fe, San Luis.Países Limítrofes: Brasil, Uruguay.
Arbusto (Perenne). Endémica.
Croton subpannosus Müll. Arg. ex Griseb. 
Distribución Provincias: Chaco, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Misiones, Salta, Santa Fe, Tucumán.
Países Limítrofes: Brasil, Paraguay, Uruguay.
Subarbusto (Perenne). Endémica.
Croton urucurana Baill. / Sangre de drago
Distribución Provincias: Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Misiones, Santa Fe.
Países Limítrofes: Brasil, Paraguay, Uruguay.
Árbol o Arbolito (Perenne). Nativa. 
Nombres comunes: Balsa macho, Copaiba, Palo de drago, Sangre de drago, Sangre de dragón, Sangre de grado, Sangreado, Ivirá caá-verá, Urucurá / Uruku-ra (guaraní). Capixingui, Licurana, Lucurana, Sangra d’água, Sangue da água, Sangue de dragão, Sangue de drago, Tapexingui, Tapixingui, Urucuana, Urucurana, Urucuruna (Brasil). Jawaniney; (en Huachipaeri, lengua indígena de la Amazonía Peruana). Huambo; Tapa roja; Telandilla; Zangrado. Dragon's blood (inglés).

Hacia una Nueva Carta Étnica del Gran Chaco regitra los nombres tobas de algunas especies del género:
Croton argenteus L. Nombre toba: Lapaxai laue (lapaxai: blanca, laue: hoja; "hoja blanca")
Croton bonplandianus Baill. Nombres tobas: Qoto' lqo (qoto: paloma, lqo: comida; "lo que come la paloma") y Namaic.
Croton hirtus L'Her. Nombre toba: Namaic.
Croton lachnostachyus Baill. Nombre toba: Iyaxaic.
(Martínez, Gustavo Javier: Fitonimia de los Tobas Bermejeños (Chaco Central, Argentina), Centro del Hombre Antiguo Chaqueño, Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica).

Otrasentradas del género Croton:
Croton argenteus L. / Crotón / Lapaxai laue
Croton bonplandianus Baill. / Tupucharo / Escoba negra 
Croton lachnostachyus Baill. / Tinajera    Croton urucurana Baill. / Sangre de drago

viernes, 2 de septiembre de 2016

Mandioca brava / Falsa madioca

Manihot grahamii Hook. / Falsa mandioca / Mandioca brava   
Sinónimos: Manihot flabellifolia auct. non Pohl; M. tweedieana Müll. Arg.; M. tweedieana Müll. Arg. var. lobata Chodat&Hassl.; M. tweedieana Müll. Arg. f. nana Chodat&Hassl.; M. lobata (Chodat&Hassl.) Pax; M. enneaphylla Pax&K. Hoffm.  
Mandioca brava en Esquina de calles San Fernando y Pasaje Catamarca, Resistencia, Chaco.
Nombre genérico "Manihot" derivado del guaraní "mandi'o: mandioca, yuca, tubérculo comestible". 
El epíteto "grahamii" otorgado en honor del médico y botánico escocés Robert Graham (1786 - 1845), profesor de Botánica y Medicina de la Universidad de Edimburgo. Fue el primer presidente de la Sociedad Botánica, Presidente del Real Colegio de Médicos y de la Sociedad Médico-Quirúrgica
de Edimburgo.  
Familia: Euphorbiaceae.
El nombre de la familia tiene su origen en en el género Euphorbia L. "Creado por Carlos Linneo en 1753, honrando a Euphorbus, médico griego del Rey Juba II de Mauritania. Juba fue educado en Roma y contrajo matrimonio con la hija de Cleopatra y Marco Antonio. Euphorbus realizó estudios sobre el látex de varias especies africanas, encontrando que varias de ellas tenían propiedades tóxicas, y que podía usarse para envenenar flechas." (González, J.: “Explicación Etimológica de las Plantas de la Selva”, Flora Digital de la Selva, Organización para Estudios Tropicales).

Hábito: Arbusto o arbolito (Perenne). 
Status: Nativa.
Distribución Provincias de Argentina: Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, Misiones, Salta, Sgo. del Estero, Santa Fe, Tucumán.

Países Limítrofes: Brasil, Paraguay, Uruguay. 
Nombres comunes: Cafeto, Café de Bonpland, Falso Café, Falso cafeto, Falsa mandioca (español). Guasu mandio, Guazú mandio (mandioca de venado en guaraní). Mandiova brava, Mandioca cimarrona, Mandioca del venado, Mandioca salvaje, Sacha mandioca, Yuca del monte. Mandioca de veado, Mandioca do matto, Mandioca(ão) brabo (portugués, Brasil). Graham cassava, Graham's manihot (inglés). Manioc de Graham (francés).   
Árbol de porte bajo o arbustivo, tronco de corteza castaña (fisurada), follaje caduco, muy ramificado, lactífero. Hojas simples, alternas, glabras, palmatilobadas (7 a 11 lóbulos), de largos pecíolos. Las hojas son más claras del envés. 
Los frutos, esféricos y de unos 2 a 3 centímetros de diámetro, se abren ruidosamente en el árbol al madurar, arrojando a una considerable distancia del pie del árbol las semillas que contienen.
Los guaraníes utilizan sus hojas como febrífugas. Su denominación terapéutica es “moãro’y” (medicina fría). 
 
Madera blanda. Sus ramas contienen saponina. 
Es de crecimiento rápido, crece espontáneamente a los costados de los caminos y en terrenos abandonados. Necesita mucho sol, tiene poca resistencia a las heladas.
   

Imagen: Manihot esculenta - Franz Eugen Köhler, Köhlers Medizinal-Pflanzen, Wikipedia
Félix de Azara refiere: "El país del azúcar lo es igualmente de mandioca o yuca que es de dos especies: la mandiocué da muchas y grandes raíces, que ralladas y exprimidas, sueltan una agua que mata los cerdos si la beben, y también se comen la raíz recién exprimida. El hombre debe temer lo mismo; pero los portugueses del Brasil no comen otro pan que lo que llaman fariña, y es esta misma raíz rallada, exprimida y tostada. Los españoles solo la cultivan en la cantidad que basta para extraer almidón. La otra especie llamada simplemente mandioca , se cultiva mucho. Sus raíces blancas o blancas amarillazas con la piel rojiza, son muy conocidas en toda la América caliente, consistiendo en ello la felicidad de aquellos países, porque de ellas hacen pan, y además las comen de muchas maneras. Convendría probar su cultivo en Mallorca y en las provincias meridionales de España." (Descripción e Historia del Paraguay y del Río de La Plata, Biblioteca Virtual del Paraguay)

Leyenda Guaraní: LA MANDIOCA 
Ñasaindí debía tener quince años. Esbelta, graciosa y muy bonita, sus ojos negros y grandes miraban siempre con temor. Tenía los cabellos lacios adornados con flores de piquillín. Cubría su cuerpo con un tipoy tejido con fibras de caraguatá, ajustado en la cintura con una chumbé de algodón de vistosos colores. Sus pies descalzos parecían no tocar la tierra al caminar: tan suave y liviana era. Con el propósito de recoger tiernos cogollos de palmera, venía desde muy lejos, trayendo una cesta fabricada con tacuarembó. Muy dispuesta llegó al lugar donde crecían con profusión los pindós, confiada en que sola podría alcanzar los ansiados cogollos; pero al verlos tan altos comprendió que le iba a ser imposible realizar la tarea. Trató de llegar, subiendo por el tallo, pero se vio obligada a desistir. Un poco decepcionada, miró desde abajo el penacho verde de las palmeras tratando de hallar un medio que le permitiera conseguir los cogollos buscados. Ya desistía de su intento, cuando vio a un muchacho medio oculto por una cascada de isipós y de helechos. Sus manos recias empuñaban el arco y la flecha. Sus ojos miraban con atención hacia un lugar cercano. Dirigió Ñasaindí su vista hacia el mismo sitio y pudo divisar a la víctima a la que estaba destinada la flecha del desconocido: era un hermoso maracaná que, tranquilamente posado en la rama de un ñandubay, estaba completamente ajeno a su próximo fin. Sintió la niña una pena grande por el espléndido animal, cuyo intenso y brillante colorido era una nota de alegría y de luz entre los verdes del bosque, y sin darse cuenta dio un grito que desvió la atención del cazador hacia el lugar de donde él había partido. El maracaná, puesto sobre aviso, con vuelo un tanto pesado, se internó en la espesura. Salió el cazador de su escondite y ante la presencia de la niña quedó atónito, mirándola. Su belleza y su expresión lo hechizaron, haciéndole olvidar la pieza de caza que perdiera por su culpa. -¡Ma-era! -sólo atinó a decirle. Bajó la vista la muchacha, temerosa de merecer el reproche del cazador, cuando oyó que continuaba con su suave acento: -¿Quién eres, cuñataí? -Ñasaindí... -respondió apenas la niña. -¿De dónde vienes? -De la tribu del ruvichá Sagua-á... -¿A qué has venido a los dominios de mi padre, Ñasaindí? Miró la niña los penachos de las palmeras que la brisa convertía en grandes abanicos y el muchacho, adivinando la intención de la mirada, preguntó: -¿Querías alcanzar cogollos de palmera? -Neí... -respondió a media voz la niña. -Y... no alcanzas... -agregó intencionado el joven con expresión risueña. -Aní... ¿Tú me ayudarás? -preguntó esperanzada, levantando hacia él los ojos. -Nuné... -respondióle el muchacho divertido. Al tiempo que así decía, dejando en el suelo el arco y la flecha que aún conservaba en la mano, trepó al tallo de una de las palmeras y con movimientos rápidos de sus piernas ágiles acostumbradas a esos ejercicios, pronto llegó al lugar donde lños cogollos tiernos se ofrecían generosos y frescos. Desde arriba se los ajorraba a Ñasaindí que, plena de dicha, no dejaba de reír. En pocos minutos la cesta estuvo llena. El rostro de la joven reflejaba un gran placer. Gracias al servicial desconocido, su viaje no había sido infructuoso. Cuando el muchacho estuvo nuevamente a su lado, los ojos de Ñasaindí brillaban de alegría y de agradecimiento. -¿Jhoriva, yerutí? -preguntó satisfecho. -Neí... Pero yo no me llamo Yerutí... Mi nombre es Ñasaindí... -Ñasaindí te llamas, pero pareces una dulce yerutí, por eso te llamé por su nombre... Agradeció la niña con una sonrisa e intentó emprender el camino de regreso, pues la noche no tardaría en llegar. El sol comenzaba a hundirse en el ocaso. El muchacho detuvo su intención, preguntándole: -¿Tienes tanto apuro por irte? ¿Dónde queda tu roga, cuñataí? -Debo cruzar el río... -¿Sola? -Sola vine y sola debo volver. Hace tiempo, ya varias lunas, que los hijos de la mujer que me crió partieron hacia el norte con otros cuimba-é y tardan en volver. Ella me envió... Yo no tengo padres... Murieron en manos de los cambá, cuando yo era pequeña... -¿Y cómo cruzaste el río? -En una pequeña canoa que dejé amarrada en la orillla. -Pero tú eres muy joven para atreverte a andar sola por estos lugares... -Me mandaron y tuve que obedecer. -¿No eres miedosa, Ñasaindí? -¡Claro que lo soy! Muchas veces siento un miedo muy grande; pero debo cumplir lo que me ordenan. A nadie tengo que me pueda defender -agrgó la niña con su vocecita triste y los ojos brillantes de lágrimas. -Desde este momento, y si tú quieres, seré yo quien te sirva de amparo y de guía. ¿Aceptas, yerutí? -le ofreció el muchacho firme y decidido. -Ñasaindí lo miró. La alegría que le causó el ofrecimiento se transparentó en su dulce mirar y en su sonrisa agradecida, cuando respondió: -¡Oh, ya lo creo! ¡Muchas gracias! -¡Seremos amigos, Ñasaindí! -Bueno... pero no me has dicho tu nombre, ni quién eres... ¿cómo podría encontrarte? -¡Tienes razón! Soy Catupirí. Mi padre es el cacique Marangatú. ¿Sabes ahora a quién debes buscar? -terminó riendo. -Neí, Catupirí. Después Ñasaindí, con su cesta llena de cogollos de pindó, inició la marcha hacia la costa dispuesta a volver a su roga. La detuvo aún Catupirí. Tenía muy buen corazón y la niña le inspiraba una gran ternura. El bondadoso muchacho era el menor de los hijos del cacique Marangatú, poderoso y respetado en mucha distancia alrededor de sus posesiones. Desde pequeño, Catupirí había sido preparado en las artes de la guerra por un diestro guerrero de la tribu; pero su madre, que no lo descuidaba jamás, conservó su corazón tierno y su alma pura como cuando era pequeño y le pertenecía por entero. Su bondad era reflejo del tierno corazón de ella. En ese momento, Catupirí recordó a su madre. Recordó su gran bondad y el cariño que por él sentía y pensó llevar a Ñasaindí consigo, pues se había enamorado de ella y deseaba hacerla su esposa. Se detuvo un instante pensando en su padre. Él no vería con buenos ojos que su hijo llevara a la tribu a una extranjera, a una desconocida, y menos aún con la intención de casarse con ella. Pensó un instante, y decidió: la llevaría; pero al principio, por lo menos, la ocultaría a los ojos de su padre. Se la confiaría a su madre. Estaba seguro de que ella sabría comprender y sin duda llegaría a sentir gran cariño por la joven desamparada, al verla tan buena, tan inocente y tan hermosa... Sin pensarlo más se lo propuso: -¿Quieres venir a nuestra tribu, Ñasaindí? Mi madre te recibirá como a una hija y te brindará el cariño que hasta ahora te ha faltado. ¿Aceptas, yerutí? Llenos de agradecidas lágrimas los ojos, Ñasaindí preguntó con palabras entrecortadas por la emoción: -¡Oh, Catupirí! ¿Es verdad lo que me propones? ¿Tu madre me querrá? -Sin duda... ¡Puedo asegurártelo! Hay tanta bondad en tu mirar dulce y tanta ternura en tu voz suave, que mi madre se sentirá atraída por ti y serás para ella la hija que no tiene. ¡Ven, vamos! Tomaron los dos jóvenes el camino que conducía a la toldería y riendo y conversando, llegaron al lugar donde se levantaban los toldos de los súbditos del gran Marangatú. Atardecía. El cielo, con los más bellos rojos y dorados, parecía sumergirse en las tranquilas aguas del río. Los pájaros retornaban a sus nidos y la flor del irupé cerraba sus pétalos ocultando sus galas hasta que, al día siguiente, el sol, al alcanzarla con uno de sus rayos, volviera a despertarla. La paz y la tranquilidad reinaban sobre la tierra. Catupirí, ocultando a su compañera, fue hasta su toldo donde la dejó para ir a dar la noticia a su madre. Nadie los había visto llegar, de modo que le sería muy fácil ocultarla hasta que pudiera convencer a su padre. Pero Catupirí se equivocaba. Unos ojos que brillaban con maldad lo observaban desde muy cerca. Era Cava-Pitá, la hechicera, que, oculta detrás de un corpulento zuiñandí, no había perdido detalle de la llegada de los jóvenes. Sonrió con malicia la mujer, y guiada por su espíritu mezquino, se propuso dar cuenta de lo ocurrido al cacique. No podría hacerlo tan pronto como deseaba, pues el cacique había salido con sus guerreros y no volvería hasta la mañana siguiente; pero entonces, ella lo esperaría con una noticia muy especial. ¡Y ya vería la extranjera que su vocecita dulce y sus expresiones inocentes no serían suficientes para engañar al cacique como lo había hecho con el hijo! ¿Por qué pensaba tan mal la hechicera de una persona a quien no conocía? Es que Cava-Pitá era perversa y envidiosa y no toleraba que se diera preferencia a nadie más que a ella. Al día siguiente, muy de mañana, llegaron el cacique y sus acompañantes; toda la tribu los recibió con júbilo. Habían logrado importantes piezas de caza y traían también un hermoso guasú vivo. Con paciencia esperó Cava-Pitá que el cacique quedara solo, y en el momento oportuno se acercó a él, para referirle, a su manera, la llegada de Ñasaindí a la tribu. No conforme con esto, y gracias a la confianza que en ella tenía Marangatú, le fue muy fácil convencerlo de que la extranjera era una enviada de Añá, quién se valía de la joven para provocar la desgracia de la tribu. La sorpresa del cacique pronto se transformó en profunda indignación. Él no podía tolerar la intromisión de una desconocida en sus dominios y mucho menos sabiendo, gracias a los buenos oficios de la hechicera, que se trataba de una enviada del demonio. Poseído por una intensa cólera, Marangatú hizo llamar a su hijo a fin de recriminarle su indigno proceder y su desobediencia. Cuando Catupirí estuvo frente a él, lo increpó duramente: -¿Puede saberse por qué has traído a la tribu a una extranjera que nadie conoce y que tú encontraste por caualidad? -Ya pensaba explicártelo, padre... -respondió sorprendido Catupirí. Y agregó desconcertado: -¿Cómo has llegado a saberlo? -Eso nada importa. Sólo puedo decirte que todavía hay quien respeta mis deseos y obedece mis órdenes. -Yo soy el primero en hacerlo, padre mío, y pruebas te he dado en mil oportunidades; pero en este caso, deseaba hablar contigo primero, para explicarte lo sucedido. Sin embargo, hubo alguien, no sé con qué intención, que se me adelantó... -¿Dónde está la intrusa? -preguntó el padre, violento. -Está en mi toldo, padre, esperando que la traiga a tu presencia. -Pues ya puedes ir a buscarla. Si con malas artes se introdujo en mi tribu, bien pronto haré que la abandone. Catupirí quedó confundido. Su padre creía que, valiéndose de quién sabe qué poderes maléficos, Ñasaindí lo había obligado a traerla consigo; pero él sabía que no era así. Su padre, al verla, podría convencerse de que estaba equivocado. Corrió en busca de la hermosa doncella y pronto estuvieron ambos frente al temible Marangatú. Quedó el cacique maravillado al ver a la joven. Su hermoso rostro y la dulzura de su mirar lo conquistaron de inmediato. Debía haber una equivocación. Era imposible que una niña tan inocente, tan dulce y tan tímida, tuviera las malvadas intenciones que le atribuía Cava-Pitá. Conversó el ruvichá con Ñasaindí. Le contó la muchacha su niñez triste y sin afectos y su alegría al encontrar en el buen Catupirí que deseaba hacerla su esposa, el cariño y el apoyo que le faltaron siempre. Comprendió el gran Marangatú el noble sentimiento que acercaba a los jóvenes y dio su consentimiento para que unieran sus destinos como era el deseo y la voluntad de ambos. Y Ñasaindí fue la esposa de Catupirí, el muchacho de corazón generoso y noble que la encontró un día en el bosque... La maldad y la envidia de Cava-Pitá se acrecentaron al comprobar que su intervención había sido inútil y que, en cambio, los dos jóvenes habían llegado a realizar su deseo... A pesar de todo, no se desanimó la hechicera, proponiéndose por cualquier medio, conseguir que la extranjera fuera arrojada de la tribu. ¡Ya llegaría el momento en que se cumpliera su venganza! ¡Ella sabría esperar! Pasó el tiempo. La felicidad de Ñasaindí y de Catupirí era cada día mayor. Ningún mal había alcanzado a la tribu y todos habían olvidado por completo los vaticinios de la malvada Cava-Pitá. Un niño, hijo de ambos jóvenes, llegó para hacer más grande y efectiva la diche de que gozaban. El pequeño Chirirí era dulce y bueno como su padre y tenaz como su padre. Cuando tuvo edad de tener amigos, todos los niños de la tribu lo fueron de él y diariamente se los veía jugando en el bosque o en la costa del río, donde sentían gran placer en reunirse. El cacique, orgulloso de su nieto, le había regalado un arco y una flecha hechos expresamente para él, y entre los momentos más felices de su vida se contaban aquellos en que salía con el niño a ejercitarlo en el manejo de dichas armas. Todos vivían contentos en la tribu. Ya nadie consideraba a Ñasaindí como una extranjera a la que se debía despreciar, sino que, por el contrario, la joven, gracias a su bondad, se había granjeado la simpatía y el afecto de todos. La única que conservaba el odio que por ella había sentido desde un principio era Cava-Pitá, para quien la idea de venganza se afianzaba a medida que pasaba el tiempo, y que no abandonaría hasta ver a Ñasaindí arrojada de la aldea como se lo propusiera desde un principio. Tenía que convencer a la tribu de que la esposa de Catupirí bajo ese aspecto dulce y tierno encubría a una malvada enviada de Añá para hacer mal a la tribu y que sólo esperaba el momento oportuno para cumplir los mandatos del demonio. Para convencerlos, decidió ensayar una nueva acusación. Usando de sus sentimientos mezquinos y perversos divulgó la noticia de que el pequeño Chirirí se hallaba poseído por un mal espíritu, por el cual todos los niños que lo acompañaban en sus juegos estaban condenados a morir infaliblemente después de un corto tiempo. La noticia corrió por la tribu con la velocidad del rayo y todas las madres, temerosas del trágico fin que podrían tener sus hijos, los retuvieron con ellas prohibiéndoles que se acercaran al pequeño Chirirí. Sin embargo, esto no fue suficiente para la hechicera, ya que ella había querido levantar a toda la tribu contra la inocente Ñasaindí. En esa forma, considerándola culpable, la hubieran arrojado de la aldea indígena por temor al maleficio de que estaba poseída lo mismo que su hijo. Como no consiguiera su propósito, decidió poner en práctica un plan diabólico con el que, estaba segura, se cumpliría con creces su venganza. Preparó un brebaje dulce, exquisito, al que agregó una pequeña poción de activísimo veneno. Con zalamerías llamaba a los pequeños amigos de Chirirí y les daba a tomar el jarabe mortífero que ellos bebían golosos. Poco les duraba el placer, porque poco tiempo más tarde morían entre las más espantosas contorsiones, envenenados por la infame hechicera. Ignorantes las madres de la existencia del famoso jarabe, aceptaron como explicación de la muerte de sus hijos el maleficio del que suponían estaban poseídos el pequeño Chirirí y su madre, tal como lo predijera en tantas oportunidades la famosa Cava-Pitá. Ya no les cupo la menor duda: la extranjera era una enviada de Añá, llegada a la comarca para causar la desgracia de la tribu de Marangatú. Esta vez nadie dudó. Todos estuvieron en contra de Ñasaindí y de Catupirí, de quienes decidieron vengarse dando muerte a su hijito. La hechicera no cabía en sí de gozo. Había pasado un tiempo muy largo antes de lograr su propósito, pero por fin consiguió que la tribu entera odiara a la intrusa. Alentada por el triunfo fue levantando los ánimos de toldo en toldo, incitando a unos y a otros a dar muerte al pequeño Chirirí, único medio para librarse de los designios de Añá. En un grupo encabezado por la perversa Cava-Pitá, blandiendo palos y lanzas, hombres y mujeres se dirigieron al toldo de Catupirí. Llegaron, y tomando por la fuerza a los padres de la criatura, los llevaron al bosque donde los amarraron con fibras de caraguatá al tronco de un ñandubay para que fueran testigos impotentes de la muerte de su hijo. La dulce Ñasaindí dejaba oír desgarradores sollozos, gritando su inocencia y pidiendo piedad para su pequeño Chirirí, mientras el valiente Catupirí hacía desesperados esfuerzos por librarse de las ligaduras. Pero era en vano. Buen cuidado habían tenido sus verdugos. Mientras tanto, Cava-Pitá, la cruel y desalmada hechicera, saboreando el triunfo logrado después de tanto esperar, decidió ser ella misma quien diera muerte al pequeño, que, atado de pies y manos, yacía en el suelo, llorando y esforzándose por dejar sus manecitas en libertad. Preparó el arco y la flecha envenenada, y cuando se disponía a arrojarla al niño, que lloraba ante sus padres desesperados, un ruido espantoso atronó el bosque y una lengua de fuego bajó desde el cielo, que se había oscurecido de pronto, y dejó fulminada a la perversa hechicera, que rodó por el suelo dando un grito de espanto. Los que presenciaban la escena vieron en esto un castigo de sus dioses justicieros a la maldad y a la envidia y, convencidos de su error, desataron a los padres de la criatura que aún se hallaba en el suelo, a poca distancia de ellos. Ñasaindí corrió a levantar a su hijito, que medio desvanecido por el terror casi no podía moverse. Lo desató y lo abrazó estrechándolo contra su corazón, mientras las lágrimas corrían por sus pálidas mejillas. Con las cabezas gachas, avergonzados, con el paso vacilante, los que creyeron las calumnias de la perversa hechicera decidieron retornar a sus toldos, no sin antes dirigir una mirada triste al sitio donde el pequeño Chirirí estuviera momentos antes echadito en el suelo esperando la muerte de manos de la falsa y alevosa Cava-Pitá. La sorpresa de todos fue muy grande cuando observaron que crecía en ese mismo lugar una planta nueva, desconocida hasta entonces. La llamaron mandi-ó y en ella vieron la justicia de sus dioses buenos que sabían recompensar el bien y castigaban hasta con la muerte a los que procedían mal. La mandi-ó, regalo de Tupá a los hombres para que les sirva de alimento, posee el dulce corazón de Ñasaindí y de Chirirí, y da, al que la come, fortaleza y energía, como era fuerte y enérgico el valiente y esforzado Catupirí.  
* Leyenda publicada por el portal "Red Argentina"
Aclaración: Estas leyendas fueron adaptadas de la Biblioteca "Petaquita de Leyendas", de Azucena Carranza y Leonor M. Lorda Perellón, Ed. Peuser, Bs. As. 1952 y de "Antología Folklórica Argentina", del Consejo Nacional de Educación, Kraft, 1940. Material compilado y revisado por la educadora argentina Nidia Cobiella (NidiaCobiella@RedArgentina.com)
http://www.redargentina.com/

Vínculos 
La falsa mandioca (Manihot grahamii*): un arbolito nativo interesante, por Ricardo Carrere, enero 2007

miércoles, 3 de agosto de 2016

Albahaquilla del campo / Rabo de gato / Cola de gato / Acalifa

Género Acalypha / Rabo de gato / Acalifa 
Acalypha antiguo nombre griego para la ortiga.
"Acalypha: El nombre del género se deriva de la palabra griega akalephes, un nombre antiguo usado para un tipo de ortiga, y que Carlos Linneo utilizó por la semejanza que poseen el follaje de ambas plantas." (González, J.: “Explicación Etimológica de las Plantas de la Selva”, Flora Digital de la Selva, Organización para Estudios Tropicales).
Familia: Euphorbiaceae.
"El nombre de la familia tiene su origen en en el género Euphorbia L. "Creado por Carlos Linneo en 1753, honrando a Euphorbus, médico griego del Rey Juba II de Mauritania. Juba fue educado en Roma y contrajo matrimonio con la hija de Cleopatra y Marco Antonio. Euphorbus realizó estudios sobre el látex de varias especies africanas, encontrando que varias de ellas tenían propiedades tóxicas, y que podía usarse para envenenar flechas." (González, J.: “Explicación Etimológica de las Plantas de la Selva”, Flora Digital de la Selva, Organización para Estudios Tropicales).
Acalifas en zona aledaña al Golf Club, Resistencia (Chaco, Argentina).

Para el Chaco se registran dos especies nativas:
Acalypha communis Müll. Arg.
Epíteto latino "communis" con el significado de "vulgar, común".

Hierba o subarbusto perenne. Status: Nativa.
Distribución Provincias de Argentina: Buenos Aires, Chaco, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Misiones, Salta, Sgo. del Estero, Santa Fe, San Luis, Tucumán.
Países Limítrofes: Brasil, Paraguay, Uruguay.
Nombres comunes: Acalifa, Acalifa común, Albahaquilla del campo, Curabichera, Ortiga, Pacurí, Qolliguesaq' alom* (lengua qom/toba), Yerba de la piedra (NOA argentino). Yerba de San Vicente. Algodãozinho (portugués).
*Qolliguesaq' alom (Qolliguesaq': iguana, alom: hechizo, payé; hechizo o payé de la iguana). (Martínez, Gustavo Javier: Fitonimia de los Tobas Bermejeños (Chaco Central, Argentina), Centro del Hombre Antiguo Chaqueño (Chaco), Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica).
Hieronymus (1846-1921) refiere: "Acalypha cordobensis (Mull.) (Sin. Acalypha communis ar. Guaranitica). N. v. albahaquilla ó yerba de San Vicente. Se usa el decoctado de la yerba para lavar heridas y tajos grandes y se emplean en cataplasmas hechas con ella para cubrirlos." (Hieronymus, J.: Plantae diaphoricae florae Argentinae, Buenos Aires, 1882).


Acalypha poiretii Spreng.
Epíteto "poiretii" alude a cierta similitud con el género "Poiretia", que fuera dedicado al religioso, naturalista, botánico y explorador francés Jean Louis Marie Poiret (1755 París).

Hierba Anual.  Status: Nativa.
Distribución Provincias de Argentina: Provincias de Catamarca, Chaco, Córdoba, Jujuy, Salta, Sgo. del Estero, San Juan, San Luis, Tucumán.
Países Limítrofes: Brasil.

Entre las especies ornamentales exóticas del género Acalypha encontramos algunas de gran popularidad en jardinería y paisajismo, en algunos casos como tapizantes (A. reptans) y en otros como arbustos o pequeños arbolitos ornamentales (A. wilkesiana).
A la izquierda "Rabo de gato " (Acalypha reptans) en esq. de calles Santa Fe y Posadas, Resistencia (Chaco, Argentina) 
Acalypha reptans
Especie exótica originaria del sudeste asiático.
Nombres comunes: Acalifa, Acalifa péndula, Cola de gato, Felpilla, Moco de pavo*, Rabo de gato, Ricinela; Acalifa rasteira, Rabo de gato (portugués). Copperleaf / Copper leaf, Red cat's tail, Red hot cat's tail (inglés). Coda di gatto, Ricinelle (italiano). Kattesvans (sueco). Acalyphe, Queue de chat (francés). Kattestaart (holandés)...
*Moco de pavo se denomina al "apéndice carnoso que el pavo tiene sobre el pico", de apariencia similar a las flores de estas plantas.
Hierba postrada utilizada como cubresuelos o tapizante, de gran valor ornamental en jardinería y paisajismo.

Se adapta muy bien para maceteros o cestos colgantes.
Hojas alternas, acorazonadas, de márgenes dentados, pecioladas; vistosas inflorescencias terminales en amentos de intenso rojo, tienen aproximadamente 10 cm. de longitud.
 
Entre las que se cultivan por su ornamental follaje se encuentra A. wilkesiana  de hojas de gran belleza y colorido. Presentan diferencias notables en tamaños, colores y formas (rojizas en mayor o menor intensidad, amarronadas, broncíneas, doradas, verdes claros y oscuros, márgenes contrastantes en color crema, blanco, blanco-rosado, etc.).
En este caso las inflorescencias generalmente pasan desapercibidas en el denso follaje, el valor ornamental reside fundamentalmente en el follaje.

Abajo Acalypha wilkesiana

De acuerdo con la medicina ayurveda la planta 'khokali o kuppi (Acalypha indica) - muy conocida y valorada en la India (nombre sanscrito Arittamanjarie) - tiene propiedades diuréticas y expectorantes y es útil en el tratamiento de bronquitis, asma, neumonía, estreñimiento, reumatismo, etc. Las hojas también son empleadas en el tratamiento de enfermedades cutáneas.
Su uso es muy antiguo en la medicina popular. (Acalypha indica, Dr. Pankaj Oudhia, Agriculture Scientist).
Vínculos
Acalypha: Como coltivare e cuidare le piante.

lunes, 18 de abril de 2016

Estrella Federal / Estrella de navidad

Euphorbia pulcherrima Willd. ex Klotzsch. / Estrella Federal  
Del griego Euphorbos, del latin Euphorbus que deriva de 'eu: bien / buen' y 'phorbe: alimento'  (buen alimento); el epíteto latino 'pulcherrimo/a: hermoso/a, bello/a'.
El nombre del género Euphorbiaceae dado en honor de Euphorbos*, médico griego del siglo I a.C. quien se desempeñaba al servicio del rey Juba II de Mauritania. Linneo asignó el nombre a todo el género en 1753.
* Médico griego que vivió en el siglo I a C. Fue hermano de Antonio Musa, médico de Augusto, y él lo fue de Juba II, rey de Mauritania. Dio su nombre al euforbio por haber estudiado las propiedades de esta planta que halló cerca del monte Atlas, según nos cuenta Plinio. El euforbio fue un principio extraído de la Euphorbia resinífera , planta oriunda de Marruecos, que se usaba como veneno para las flechas. Paradójicamente, en la antigüedad también se usó el euforbio como antídoto para las heridas de serpiente.
Para completar las paradojas, Euforbio fue muerto por Menelao de un flechazo. (
Personalidades del mundo antiguo relacionados con  la toxicología: Euforbio (Euphorbos) siglo I a. C.; "Pinacoteca de los Venenos"; Por el Prof. Dr. Eduardo Scarlato. Médico Toxicólogo. Médico Legista. Universidad de Buenos Aires. Argentina)
Familia : Euphorbiaceae.

Nombres comunes: Corona del Inca, Estrella de Belén, Estrella de Navidad, Flor de fuego, Flor de Nochebuena, Flor de pascua, Flor de Santa Catalina, Guacamayo, Nieve de montaña, Noche Buena, Pascuero, Pastora, Poinsetia (español).
Bico de papagaio, Folha de sangue, Flor do natal, Estrela do natal (portugués); Manhäs de Páscoa (Portugal); Christmas star, Christmas flower, Christmas poinsettia, Easter flower, Lobster plant, Mexican flameleaf, Painted leaf (inglés); Étoile de noël, Fleur de pâques, Neige sur la montagne (francés); Stella di natale (italiano); Weihnachtsstern (alemán); Gwiazda betlejemska (Estrella de belén), Poinsecja (polaco); Poinsettia, Pryšec nádherný, Vánoční hvězda (checo); Prýštec najkrajší (eslovaco); Julestjerne (danés); Joulutähti (finés); Trạng nguyên (vietnamita: flores de pascua).

Sobre el significado de su nombre 'cuetlaxochitl' (derivado del náhuatl), encontramos las siguientes referencias: "flor que se marchita”, de 'cuetlahu: marchitarse' y 'xochitl: flor' o "flor de pétalos como el cuero", de 'cuetlaxili: cuero' y 'xochitl: flor'.
Aunque varios de sus nombres comunes están asociados a las tradiciones cristianas de Navidad y Pascua, en realidad estas plantas fueron cultivadas en México por los aztecas - con el nombre de cuetlaxochitl - mucho antes de la introducción del Cristianismo.
Según la leyenda su origen está ligado a una rebelión de los chontales (grupo maya que algunos autores asimilan a los putunes, del estado mexicano de Tabasco cuyo nombre proviene del náhuatl y quiere decir, literalmente, extranjero), en la que éstos fueron sofocados por el ejército de Moctezuma, surgiendo las flores de las huellas de la sangre derramada, simbolizando la "nueva vida'' alcanzada por los guerreros muertos en batalla.
También se las menciona en relación a la sangre de los sacrificios que los indígenas ofrendaban al sol para renovar sus fuerzas.
El nombre Poinsettia fue puesto en honor al diplomático Joel Roberts Poinsett (1779-1851), quien fuera embajador de Estados Unidos en México hacia 1825. A Poinsett, quien tenía intereses por la jardinería y la botánica, se le atribuye el mérito de haber logrado la difusión de la planta, enviando ejemplares a varios jardines botánicos de Estados Unidos y Europa.
En Argentina se le conoce como 'Estrella Federal', símbolo de las fuerzas federalistas.
El líder máximo del Federalismo está representado en la figura de José Gervasio Artigas, fundador de la Unión de los Pueblos Libres más conocida como Liga Federal.
Refiere Wikipedia: "Desde tiempos de José Gervasio Artigas el color rojo punzó (significando a la sangre derramada por la libertad ante España, Portugal y Brasil y por la lucha para lograr las autonomías federales de las provincias) es el color emblemático del federalismo en Argentina, curiosamente en Uruguay tras 1830 el uso del color rojo se invirtió y pasó a ser usado por los "colorados" aliados de los brasileños y unitarios contra los nacionales y federales. También adoptó el Partido Federal como emblemática (debido a su intenso color rojo o "colorado") a la flor llamada estrella federal y derivada de esta una estrella roja de ocho puntas llamada también estrella federal. Entre 1832 y 1850 también existió en uso la Divisa punzó." (Wikipedia: Partido Federal (Argenina).

Inflorescencia apical en forma de diminutas flores amarillentas rodeadas de grandes bracteas rojas que le confieren la apariencia de una única flor, de gran valor ornamental.
Por hibridación se lograron colores blanco, rosa y amarillento.

La floración es densa y prolongada, de allí que la planta tenga simultáneamente los nombres de Flor de Nochebuena, Flor o Estrella de Navidad y Flor de Pascua, ya que se inicia antes de Navidad y se prolonga hasta las Pascuas. En México hay numerosos cuentos y leyendas ligados a su origen y significado, una de estas historias refiere: "Era la costumbre de los aldeanos en México dejar regalos para el niño Jesús en la iglesia durante la Noche buena. En una aldea había un niño que no tenía nada que ofrecer. Le pidió al Señor que le indicara la manera de mostrar su amor al niño Dios. Dios contestó la oración haciendo que una flor naciera donde se había arrodillado. Fue una flor brillante y hermosa, parecida a una estrella con hojas tan rojas y brillantes, que se llego a conocer como la Flor de la Santa Noche”. 
Otra de las historias acerca del significado de la flor de nochebuena dice así: “Cuando Dios creó la naturaleza en la Madre Tierra, pidió a las plantas crear sus mejores flores y cada una seleccionara las estaciones del año para la floración. También les pidió que siempre dieran a todo aquel que las tomara en sus manos, lo mejor de ellas; belleza, amor y sabiduría.
Cierto día Dios vio que una planta daba todo lo más sagrado de su esencia, con el fin de ser elegida por los seres humanos, pero por más que se esforzaba, nadie la apreciaba, debido a su flor pequeña y hojas grandes. Sin embargo, seguía luchando por entregar su energía más pura y luchaba por ser feliz.
Dios fue hasta la planta y le dijo, veo que eres muy hermosa y realizas tu misión, das amor incondicional a tus hermanos que lo necesitan. Por eso te doy mi sangre y la deposito en tus hojas y por tu amor y sabiduría serás la representante del amor y la esencia divina del universo. Desde aquel momento se transformó en la Flor de Nochebuena, representativa del renacimiento del amor y la esperanza, siendo acogida por los humanos cada año en sus hogares. Así la flor de nochebuena cumple la misión que Dios dejó con su sangre en sus hojas: amor y esperanza para todos en la tierra."
("La flor más bella del mundo", La nochebuena, Euphorbia pulcherrima Willd., por Guillermo Aldana Rojas, Leyendas extractadas de HIPATIA, Revista de Dibulgación Científico-Tecnológica del Gobierno del Estado de Morelos, Núm.33, Enero-Marzo 2010).
 

En el marco de los Primeros Juegos Florales Internacionales de la Flor de Nochebuena Cuetlaxochitl, realizados en diciembre de 2009 en Taxco, simultaneamente se llevó a cabo un concurso de poesía sobre la flor:
"Canto a la bella, eterna y noble Cuetlaxochitl” (Poema ganador, Autor: anónimo)

......
El Hacedor de todos los idiomas / te nombró CUETLAXOCHITL, Flor Sublime, /
herencia de recónditos aromas / y oración que construye y que redime.
Eres de los milagros ancestrales / de este espacio terrígena y amado,
donde florecen limpios los ideales / y el paisaje en la Historia renovado.
Ahora encarnas la paz de la familia / Presides ilusiones y cariños
y cubres, con tu hermana bugambilia, / los cantos de los viejos y los niños.
......
Y yo soy como tú, Flor de la Audacia, / que cubre con amor todo el planeta.
Cuetlaxóchitl feliz, llena de gracia, / renazco en cada ensueño: ¡Soy Poeta!.
Cuando te miro, Cuetlaxóchitl bella, / generosa y sublime, manos rojas,
contemplo más brillante al sol, estrella, / y se acuna mi amor… sobre tus hojas !

* Para leer el poema completo: Portal 'Actualidades México': "Canto a la bella, eterna y noble Cuetlaxochitl"


Y otro hermoso y emotivo poema: "La flor de Pascua”, de Taxco en Sonetos
"Hermosa Cuetlaxóchitl, mi flor de nochebuena
mutación de la sangre del Chontal valeroso
que cayó en la conquista azteca imperioso
defendiendo su suelo con entereza plena.
Doncella mancillada como “el rapto de Elena”;
primero fue el azteca que se irguió victorioso,
después, aquel de país belicoso
que te impuso su nombre que a mi patria ajena.
Jamás serás “poinssetia”, tu eres de nuestra tierra,
eres el espíritu del chontal que se aferra.
¿La flor de Noche Buena?, con el nombre complazco.
Pero mejor sería de los nombres que aludo,
que Tasco te llevara como emblema y escudo,
con el nombre genuino de la “Pascua de Tasco”.