miércoles, 17 de marzo de 2010

Ñandubay

Ñandubay  
Prosopis affinis Spreng. (Prosopis algarrobilla)
Prosopis, nombre de origen griego al que le atribuyen un significado dudoso y affinis (del latín affinitas: afinidad, parentesco)
Familia: Fabaceae.
Origen: Autóctono.
Ocupa una extensa área geográfica que comprende parte de Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil, Argentina y Uruguay.
Otros nombres: Algarrobillo/a; Espinillo; Espinillo colorado; Ibopé morotí; Arca (Salta y Jujuy), Visco / Viscote (Catamarca y Tucumán). Cambá-cambí.
Nombres comunes de origen guaraní: Ibopé morotí, Ibopé ñ-morotí, Igopé ñ-morotí, Ivopé, Ivopé-morotí.


Parque 2 de febrero, Paseo Costanero sobre el río Negro, Resistencia (Chaco, Argentina)



Félix de Azara, en su “Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata”, analiza algunas de las características de su madera: “Tampoco se pudre el yandubai o espinillo, pero como sus palos son cortos, tuertos y no gruesos, los emplean solo para hacer corrales de estada y para quemar; porque es la leña mejor del mundo, tanto por la grande actividad de su fuego y duración de sus brasas, como por la facilidad con que arde tanto verde como seca.” (Félix de Azara: “Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata, cap. V “De los vegetales silvestres”, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, España)
En el Informe de la Comisión Exploradora del Chaco refiere Arturo Seelstrang: "El ñandubay es de la familia de los algarrobos y espinillos y se encuentra entre los montes compuestos de estos árboles. Su corteza es más áspera y su forma más irregular que la de los árboles anteriores. Su fruta da en vainas amarillas con manchas moradas y algo tórridas, de un gusto amargo y desagradable, y solo los avestruces o ñandús se alimentan con ella y aún la buscan, de cuya circunstancia se deriva el nombre del árbol. La madera colorada, sólida y buena para muebles, tiene hasta hoy el único destino de servir para postes de cercos y corrales por su mucha duración y por encontrarse difícilmente árboles grandes." (Seelstrang Arturo: Informe de la Comisión Exploradora del Chaco, Primera Edición: Tipografía y litografía del "Courier de la Plata", Buenos Aires 1878; 2a Edic. EUDEBA 1977).

Por su parte, al describir la flora del Gran Chaco, Luis Jorge Fontana señala: “Entre los árboles que dan maderas más duras se encuentran el ñandubay y el urunday. Mimoseas. La del primero es la más dura, pesada e incorruptible de esta región y de toda la República Argentina; pero es tan sumamente torcida y nudosa, que solo puede emplearse para corrales, pero siendo para este uso muy superior a todas las maderas conocidas; es árbol poco elevado y sus flores son polígamas, formando una vaina seca, sin articulación que, abriéndose en dos, derrama muchos granos.” (Luis Jorge Fontana: "El Gran Chaco", Ed. Solar, Hachette, Buenos Aires, 1977)
“Es uno de los espinillos que crece en nuestra provincia. En este caso es propio del Chaco oriental. Árbol de hasta 15 metros de altura, de tronco corto y muy ramificado, con corteza rugosa de color castaño oscuro. Forma copa extendida y constituida por ramas flexuosas provistas de espinas. Las hojas son compuestas y caedizas, integradas por folíolos pequeños. Las flores son pequeñas, amarillentas y melíferas (utilizadas por insectos productores de miel), están agrupadas formando racimos alargados y de mayor longitud que las hojas. Los frutos son vainas amarillentas cuando maduran, alimento del ganado, no se abren para liberar las semillas. Éstas, ovaladas, en número de 10 a 15, miden alrededor de 1,5 cm.” (“Plantas del Chaco: Ñandubay”, por la licenciada Elba L. S. de Romero, Museo de Ciencias Naturales Augusto Schultz, Resistencia, Chaco, Diario Norte Ed. 15/07/2001)


Leyenda del Ñandubay

Cuenta la tradición oral que hace ya muchos siglos, cierta poderosa tribu guaraní estuvo gobernada por un cacique de bravura indiscutible pero de corazón durísimo, llamado Corumbé, a quien jamás lograba conmover en lo más mínimo el infortunio ajeno. El fiero cacique era padre de una doncella que se destacaba por su bondad y afán de ayuda a sus familiares y amigos, único ser en el mundo que él amaba a su modo, con feroz egoísmo. Entre los guerreros de la tribu se destacaba Umanday, ágil como un guasuvira, certero en el flechazo como el jaguar en el salto y de una agudeza visual que bien podía competir con la de los halcones. Su coraje, su destreza y su fuerza no pasaron desapercibidos para Ivotí. Ambos jóvenes aprovechaban la distracción del celoso y temible padre para encontrarse a conversar. Cierta tarde estival el joven y la indiecita estaban intercambiando palabras, haciendo planes para un futuro en conjunto, cuando apareció, en el claro del bosque, el feroz Corumbé, interrumpiendo con furiosos gritos y terribles gesticulaciones aquella idílica escena. -¡Traidor!, gritó el cacique dirigiéndose hacia el sorprendido joven. Prepárate para rendir cuentas de tu falta, pues ahora mismo te mataré como a una víbora. -Amo a su hija Ivotí y quiero desposarla. Puede usted matarme si lo entiende justo. Acataré resignado su decisión y no me ofenderé. Fue en ese momento cuando el desalmado Corumbé sintió que germinaba en su cerebro una idea diabólica, brutal, como eran todas las suyas. -Ya que aseguras querer tanto a Ivotí, te pondré a prueba para saber si eres digno de ella -dijo al enamorado guerrero. -Tendrás que permanecer de pie en este mismo lugar, sin dar un paso siquiera, hasta que yo regrese, dentro de tres días. Si me desobedeces, la guardia que dejaré custodiándote te acribillará a flechazos de inmediato. En cambio, si te mantienes firme, te prometo que habrá de ser tuya la mano de mi hija. -Acepto su proposición -respondió con voz serena y con resuelta actitud el apasionado Umanday. Así aguardó sin moverse hasta que transcurriera el plazo señalado. Pasó la noche, amaneció el nuevo día, volvieron las tinieblas, vino otra vez la aurora. Y el animoso enamorado seguía de pie. Los ardientes rayos del sol de verano taladraban su cráneo, tábanos y jejenes le hundían ávidamente el aguijón en las desnudas carnes. Los cuervos revoloteaban sobre su cabeza estrechando cada vez más el círculo formado en torno a ella. Para ahuyentar el sueño, el joven se mordía los labios, se clavaba las uñas en el pecho. Pero el cansancio y el sufrimiento iban doblando poco a poco sus piernas, que no cambiaban de sitio. Expiró el plazo fijado sin que Umanday, ya inconsciente, se diera cuenta de ello. Recién a los cinco días el cacique se hizo presente en el lugar. El joven indio ya no respiraba, pero continuaba erguido y firme, como al principio. Trémulo de espanto, Corumbé le dio un violento empellón, sin conseguir derribarlo. Entonces miró hacia abajo y advirtió que los pies de Umanday estaban enraizados en la tierra, que sus retorcidas piernas habíanse unido formando un durísimo tronco de corteza grisácea; que de su cabeza, sus brazos y su cuerpo, brotaban ramas espinosas, duras y retorcidas. Acababa de nacer el ñandubay, árbol sufrido y recio como el indio que lo sustentara con sus nervios y sus músculos, con sus poderosos huesos y con su sangre bravía e indomable. (Leyenda del Ñandubay extraída de ABC Digital, Asunción, Paraguay, Ed. 17/07/2007)

Fábula El ñandubay y la paja: “Un pequeño trozo de ñandubay , entre las cenizas del fogón, lentamente se iba consumiendo. Poca llama salía de sus ascuas, pero cantaba suavemente el agua de la pava, y podría seguir cantando así durante muchas horas, antes de que se apagase el fuego.
No muy lejos estaba un gran montón de paja; y la misma brisa que, al correr por la llanura, de vez en cuando avivaba el resplandor de la brasa, susurró al oído del trozo de leña lo que en tono de desprecio venía diciendo él de la paja:
-No sé cómo se llamará esto -decía-, pero seguramente da más compasión que calor. Casi tengo ganas de ofrecerle mi ayuda para enseñarle lo que es fuego.
De acuerdo con el ñandubay , la brisa, soplando fuerte, echó encima del fogón todo el montón de paja.
Soberbia fue la llamarada, pero tan rápida pasó y se extinguió tan pronto, que dejó apenas una ceniza liviana, sin haber siquiera conseguido hacer hervir el agua. Y con calma se siguió consumiendo el pequeño trozo de leña, haciendo suavemente cantar durante muchas horas todavía el agua en la pava.
Lo que vale en la vida es el esfuerzo que dura."
(Daireaux, Godofredo (1839-1916): Fábulas Argentinas, Biblioteca Virtual cervantes)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

que lindo que es este arbol yo soy de entre rios y empeze hacer forestacion si me quieren pasar informacion les agradeceria muchas gracias ramunozdte@hotmail.com

Anónimo dijo...

hola gracia por la info ya que quiero plantar varios arboles nativos de santa fe en mi patio..xq plantar un arbol es vida...yami de santa fe