Anadenanthera colubrina (Vell.) Morong.
El nombre genérico Anadenanthera significa “sin glandulas en las anteras” y el epíteto colubrina hace referencia a la toxicidad de sus semillas
Familia: Fabaceae. (Leguminosae)
Origen: Perú, Brasil, Bolivia, Paraguay y norte de Argentina. Propio de zonas de clima tropical y subtropical.
Otros nombres: Vilca, Huilca, Villca, Parica, Pariká, Angico, Anchico, Curupay, Curupa-í, Curupa’-í pitá, Cebil colorado, Kurupa, Yopa, Yupa, Hataj, Jataj (wichi).
En Brasil: angico branco liso, angico cambuí, angico côco, angico escuro, angico liso, angico vermelho, aperta ruão, cambuí, cambuí angico, cambuí vermelho, cauvi, jurema preta, monjoleiro.
Árbol de gran porte, copa aplanada, follaje caduco de apariencia similar a los helechos por la delicadeza de sus hojas, corteza castaño grisácea con características protuberancias de aspecto verrucoso (sobre todod en las ramas jóvenes). Las hojas compuestas, alternas, verde claro lustroso, bipinnadas (20 a 40 pares de folíolos, opuestos, de márgenes enteros). Inflorescencias terminales o axilares de flores pequeñas en forma cabezuelas esféricas de color crema amarillento y frutos en forma de legumbres o vainas planas, leñosas, color castaño rojizo, con estrangulamientos entre semillas. Estas vainas se abren a la madurez dejando caer las semillas, redondeadas y aplanadas, oscuras y brillantes. Tiene propiedades ornamentales (arborización urbana, paisajismo), tánicas (la corteza contiene tanino, sustancia que se usa para el curtido de cueros), alimenticias, medicinales (son varias las propiedades medicinales que le atribuyen – propiedades astringentes, antiinflamatorias, para curar heridas y picaduras, etc, pero debido a la presencia de alcaloides es peligrosa su utilización sin control médico), madereras (madera duradera adecuada para múltiples usos, embarcaciones, muebles, cerramientos, implementos rurales, etc.) y melíferas.
En el Informe de la Comisión Exploradora del Chaco, Arturo Seelstrang refiere: "El curupay es un árbol hermoso. Su corteza es la más usada en las curtiembres y forma un artículo de importancia para el comercio de la vecina provincia de Corrientes. Su madera es muy linda, colorada, con vetas negras, excelente para muebles. La superficie de la corteza de este árbol se distingue por una gran cantidad asperosidades en forma de granos, que han originado su nombre de curupay, que en guaraní significa cáscara sarnosa " (Seelstrang, Arturo: Informe de la Comisión Exploradora del Chaco, Primera Edición: Tipografía y litografía del "Courier de la Plata", Buenos Aires 1878; 2a Edic. EUDEBA 1977). Al describir la flora del Gran Chaco, Luis Jorge Fontana hace referencia al cebil o curupay: “El curupay de los guaraníes, conocido por el nombre de cebil, se encuentra abundantemente en todo el Chaco, tanto en el interior como en la márgen de los ríos; el árbol, muy elevado, se reconoce a simple vista por lo rugoso de su corteza, que es un material de nuestra industria; su madera colorada, con vetas negras, es fuerte y muy apropiada para diversos ramos de construcción. Tenemos dos especies que se distinguen por curupay-ná y curupay-atá, y por blanco y negro entre nuestros criollos y también comercialmente.” (Fontana, Luis Jorge: "El Gran Chaco", Ed. Solar, Hachette, Buenos Aires, 1977)


El Presbítero José Sánchez Labrador se refiere al uso medicinal y alucinógeno del curupay, en el Paraguay del s.XVIII: "Curupay: La corteza de estos árboles es amarga al gusto, y astringente: tienese por caliente y seca en el 2do. Grado. Con ella se disponen baños y vahos muy eficaces contra las enfermedades originadas de frio, contra las hinchazones de los pies, del vientre y dolores de los miembros, y contra el mal Gálico, con tal que no sea antiguo; tómase su decocción por la boca y se lava con ella por de fuera, hace sudar mucho. La decocción y también la infusión de las cortezas y astillas, obra con facultad abstergente, y cierta acrimonia, así cura la sarna, la Tiña, los herpes y otros males cutáneos semejantes."
Más adelante señala: “Los indios mbayas, cojían la baynas secas antes de abrirse, las molían o quebrantaban, y encerrados en una cabaña sin respiradero, con arte indecente hacían entrar el humo de las que quemaban, no solo por las narices sino también donde se desdahoga el vientre de los excrementos. Perseveraban en este brutal divertimento al fuego, al humo y al calor de sus cuerpos, trasudando y llenándose de humo y de furor; luego salían como de un Toril embriagados, a hacer reir a unos, y llorar a otros, vengando en esta furiosa falta de juicio sus imaginados agravios. Al presente hacen el mismo uso los Omaguas, indios del río Marañón, y les dura la embriaguéz 24 horas. Llaman también a las dichas baynas cumpa porque hablan la lengua Guaraní. Toman el humo por las narices con un cañón, que tiene la figura de una Y griega o que termina en horqueta, metiendo en cada nariz un pie de ella. Dicen que en ese tiempo tienen visiones gustosas. Esta operación, seguida de una violenta aspiración, los pone en estado de ridículos, pero pasa esto en aquella nación por un hecho gallardo.”
(Sánchez Labrador, Presbítero José: “La medicina en el Paragua Natural (1771-1776)”)
El empleo del polvo obtenido de las semillas del cebil o curupay como alucinógeno, en ritos y ceremonias tribales, se remonta a varios siglos atrás.
Los indios guaraníes preparaban el curupay o kurupa indio, que aspirado en forma de rapé provocaba un estado de éxtasis con visiones.
En la región andina de la actual Argentina también está registrado el uso del cebil desde tiempos prehispánicos. En el contexto de las prácticas religiosas el consumo de alucinógenos era el medio que permitía acceder al mundo de lo sagrado.
En un trabajo sobre “El cebil y el shamanismo wichí” sus autoras expresan: “El cebil, hatah, es el alucinógeno empleado entre los shamanes wichí del Chaco central. Este alucinógeno cuya eficacia se debe a la inhalación del polvo de las semillas, es esencial para la realización de la ceremonia del hatáh, en la que tiene lugar el viaje shamánico.
“El hatah (tambien mencionado como misa), puede ser ejecutado por dos o más shamanes que reunidos, ingieren el psicotrópico del mismo nombre y “viajan” a otros sectores del cosmos. El objeto central de la ceremonia, pues, gira en torno de la inhalación de cebil, hatah (anadenanthera macrocarpa sp.), de tal modo que haga posible que el alma se separe y “vuele” abandonando al cuerpo, y pueda así ver desde la altura si se acercan enfermedades, catástrofes o ataques de grupos vecinos (ya bélicos en la historia, ya materializados como maldiciones hoy y entonces).” (El devenir de bienes e instituciones: "El cebil y el shamanismo wichi". María Cristina Dasso; Guadalupe Barúa, en Pueblos y Culturas de las Américas: Diálogos entre Globalidad y Localidad, 52 Congreso Internacional de Americanistas, Sevilla, 2006)
Vínculos
Anadenanthera colubrina, SIB, Sistema de Información de Biodiversidad
Principios Activos con Acción Alucinógena: II. Bufotenina y otras Triptaminas. Su presencia en Anadenanthera peregrina (L) Spegazzini (Leguminosae), GRACIELA M. BONGIORNO de PFIRTER y ELOY L. MANDRILE. Cátedra de Farmacognosia, Departamento de Ciencias Biológicas, Facultad de Ciencias Exactas, Universidad Naciond de La Plata, La Plata, 1900, Argentina.Curupay, cebil colorado, en Herbotecnia: Especies vegetales autóctonas



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