Ligustrum lucidum
Familia: Oleaceae.
Origen: China y Japón
Otros nombres: Aligustre; Aligustre arbóreo; Trueno; Alfeneiro
Ligustrum, "Según Vossio este nombre deriva del latín ligare, legare (atar, ligar), y se aplicó a esta planta por el uso que se hacía de sus ramas largas y flexibles". (Bracciforti, Alberto: "Flora Piacentina, Enumerazione Sistematica delle Piante della Provincia di Piacenza", 1877. Pg. 207. Portal Biodiversity Heritage Library)
Lucidum, del latín, significa lustroso, brillante, en referencia a sus hojas.
Árbol perennifolio de porte mediano, corteza lisa y grisácea, copa amplia y follaje denso, hojas simples, opuestas, glabras, ovadas, con los bordes enteros y el ápice agudo, son de un verde bien oscuro y brillantes, más opacas y claras en el envés.
Flores blanquecinas, pequeñas, dispuestas en panojas piramidales que sobresalen del follaje. Frutos globosos en racimos, color violáceo azulado.
Polinización por insectos y dispersión de los frutos por las aves.
Es un árbol rústico, de rápido crecimiento, se adapta facilmente a diferentes suelos, se cultiva tanto a pleno sol como a la sombra.
Considerada una especie muy invasiva, integra el listado de “100 Especies invasoras en Argentina” con los siguientes indicadores: 78- Ligustrum lucidum Ait. f., “ligustro”, Oleaceae, Agresividad y efecto: 999 (grado de invasión alto), Desplaza a las especies nativas. Provincias: BA, CO, DF, ER, LP, SA, TU. Áreas naturales: SI
La variedad "Aureovariegatum" tiene hojas matizadas de amarillo
Sobre el origen del nombre Alfeña leemos en la Revista El Museo Universal: “Alheña: Pronuncióse también alfeña el nombre de esta planta ó arbusto. Díjose alheña (escribe Covarrubias) de al-hanna, al-lenne, que en arábigo significa el ligustro ó aligustre. El portugués dice alfena y alfenheira, alfenar. En catalán, la alheña es olivella, y en francés troene. Este último vocablo se tiene por de procedencia griega, y el de olivella se tomó de la semejanza de las hojas de la alheña con las del olivo. En tiempo de los árabes, fue costumbre, particularmente entre los jóvenes y las mujeres, así mahometanas como cristianas, usar, en los días solemnes ó en las grandes reuniones, el afeite de untarse las manos y los pies con una pasta hecha de polvos de alfeña: restregábanse en seguida con aceite las partes untadas, las cuales tomaban, en virtud de tal operación, un color encarnado, que era muy de moda, y duraba permanente quince o veinte días. Esto era alfeñar o alfeñarse, que en sentido recto valia teñirse con polvos de alheña, ó con agua de las hojas de esta planta; y lo mismo en España que en Portugal llamaron luego alfeñado, alfenado, al melindroso, acicalado, presumido de sus adornos y aliños, etc. Por eso creen algunos que de alfeñar, alheñar, vino el verbo aliñar, ó que este no es más que una corrupción de aquellos. A alfeñar refieren también algunos el nombre de alfeñique. En Turquía las mujeres todavía se alheñan; y en verdad que, por lo que vi en Costantinopla, tiene bien poco atractivo el tal afeite. Alheña se llama también cierta enfermedad ó tizon que otros dicen roya. Asi es que alheñarse valía, en lo antiguo, lo mismo que arroyarse las plantas, como los trigos, las cebadas, etc. La alheña, en esta última acepción, es el daño que reciben las mieses de las lluvias intempestivas, y que consiste en criarse en ellas un polvillo semejante al que se hace de la planta llamada alheña. Molido como una alheña se dice del que está rendido por haber hecho una larga jornada, ó algun trabajo excesivo, aludiendo a que, molida la alheña, se hacía de ella un polvo muy sutil para teñir las crines y colas de los caballos, y las lanzas de los caballeros; y también las mujeres se teñian antiguamente, por gala, los cabellos y las uñas con el polvo de alheña.” (El Museo Universal, NUM. 13, Madrid, Ed. 28 de Marzo. 1868, Año XII. Biblioteca Virtual Cervantes)



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