martes, 2 de marzo de 2010

Ombú

Ombú  
Phytolacca dioica
El nombre genérico Phytolacca dioica, deriva del griego Phyton (planta) y la voz latina lacca (laca), que hace referencia a las propiedades tintóreas de los frutos; dioica por la característica separación de las flores femeninas y masculinas en pies de plantas diferentes (hay ejemplares macho y hembra).
Familia: Phytolaccaceae. 
"Phytolaccaceae: El nombre de la familia tiene su origen en en el género Phytolacca L. cuyo nombre se "deriva de las palabras griegas phyton (planta), y lacca (carmesí); aludiendo al color rojo encendido de las bayas de muchas de sus especies." (González, J.: “Explicación Etimológica de las Plantas de la Selva”, Flora Digital de la Selva, Organización para Estudios Tropicales).  
Ombú en Parque Ávalos, Resistencia (Chaco)
Origen : Argentina, Brasil, Uruguay y Perú.
Nombres comunes:
Bella sombra, Bella umbra, Belhambra, Belombra, Fitolaca, Ombú, Umbú, Umbra. Monkey grape, Ombu, Poke berry, Umbra tree (inglés); Fitolacca (italiano); Belombra, Raisinier dioïque (francés); Ombubaum, Zweihäusige Kermesbeere (alemán).
Del libro "100 Árboles Argentinos" extraemos la siguiente descripción: "El ombú es uno de los más destacados aportes nativos a la jardinería. Ornamental por excelencia, tiene a su favor un desarrollo rápido y extraordinario, con una copa enorme y tronco gigantesco y corto, que se deparrama en su base en múltiples raíces robustas, a modo de pedestal desordenado...."
En realidad, el ombú no es nativo del pastizal pampeano. Es oriundo de los montes del nordeste argentino, que llegan al sur hasta los talares de barranca del norte bonaerense. Allí, lo encontramos con su forma natural, un estilizado árbol con tronco alargado, diferente a los cultivados en plazas, donde no tienen ninguna competencia por el sol directo y pueden crecer a sus anchas. En el bosque, este vegetal "amigo del sol", debe invertir energía para elevarse hasta la copa de los árboles." (Haene, Eduardo y Aparicio, Gustavo: "100 Árboles Argentinos", Ed. Albatros, Buenos Aires, 2007).
Según Félix de Azara “El ombú es muy grande y frondoso, que prende de rama gruesa, sin errar jamás, y sin reparar que el suelo sea bueno o malo, húmedo o seco. Crece en la mitad del tiempo que otros, y es bueno para sombra y para paseos y caminos. Su madera se pudre antes de secarse, no arde al fuego, ni sirve para nada. Hay uno en el jardín botánico de Madrid y otro en el Puerto de Santa María, donde han averiguado que sus hojas limpian y curan las úlceras.” (Azara, Félix de (1742-1821): "Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata, Cap. V.  De los vegetales silvestres”, Biblioteca Virtual Cervantes).
Hierónymus: "Phytolacca dioica L. ; syn. Pircunia dioica. N.v. ombú, umbú; en España belombra.
Árbol originario de Corr. y cultivado por su hermosura y como árbol para sombra en B.A., S.F., E.R., Corr (Bras. mer., Urug.) y se encuentra a veces como espontáneo. Alcanza una altura mayor de 16 á 18 metros y su tronco un circuito considerable en la base.
El extracto de las hojas y el zumo de los frutos obran como drásticos. Cataplasmas hechas con las hojas trituradas se ponen en las heridas y úlceras para sanarlas. La infusión de las hojas se usa también como vulnerario para lavar heridas, etc. La madera es muy floja y no sirve para la industria. El árbol se desgaja con facilidad al menor temporal. De la ceniza se extrae la potasa que usan en la campaña para la fabricación de jabón."
(Hieronymus, J.: Plantae diaphoricae florae Argentinae, Buenos Aires, 1882).

Al describir la flora del Gran Chaco, Luis Jorge Fontana refiere: "El ombú, Phitolacca dioica, lo hemos encontrado produciéndose únicamente, de una manera espontánea, en la parte baja del Chaco central, detrás de la isla del Cerrito, a diez o doce leguas de la costa, donde jamás existieron poblaciones cristianas, en la misma latitud de la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay y por consiguiente de los terrenos forestales de Misiones, que fueron visitados por mi amigo el profesor D. Carlos Berg, lo que me hace suponer que este naturalista funda muy bien sus razones cuando afirma que la verdaera patria del ombú es la República Argentina, en sus territorios nacionales de las antiguas Misiones." (Fontana, Luis Jorge: "El Gran Chaco", Ed. Solar, Hachette, Buenos Aires, 1977).
“El árbol más hermoso del Río de la Plata es el ombú . Es indígena del país y se desarrolla con una grandeza sorprendente. Como es de madera muy esponjosa, no puede utilizarse en construcción ni sirve para combustible. La naturaleza, con admirable previsión, arrojó su semilla en las inmensas pampas para que sirviera de abrigo al campesino nómade y extendiera su sombra sobre los ganados. Su copa redondeada es como un amplio dosel que preserva al gaucho, lo mismo de las lluvias torrenciales que de los ardores del sol. Su tronco nudoso, compuesto de membranas enormes, como raíces que salieran de la tierra, parece un montículo de roca. Pude medir uno de estos árboles que tenía en su base no menos de cuarenta y cinco pies de circunferencia. Basta con ver uno de esos ejemplares gigantescos, para comprender toda la fuerza de la vegetación en los campos argentinos.” (Marmier, Xavier (1809-1892): “Buenos Aires y Montevideo en 1850”, El Ateneo, Buenos Aires, 1948). 

El ombú
Erguido en la planicie, orgullosamente asentado en sus enormes raíces, el ombú extendía en la soledad sus opulentas ramas.
En busca de un paraje en donde edificar su choza, llegó allí un colono con su familia. ¡Qué árbol hermoso! -exclamó uno de los hijos-; quedémonos aquí, padre mío. Seducido por el aspecto del árbol gigante, consintió el padre. De una raíz iba a atar con soga larga, para que comiera, el caballo del carrito en el cual venía la familia, cuando vio que allí no crecía el pasto y tuvo que retirar el animal algo lejos del árbol. Mientras tanto, el hijo mayor, a pedido de la madre, cortaba unas ramas para prender el fuego y preparar el almuerzo. Pero pronto vieron que con esa leña, sólo se podía hacer humo. Uno de los muchachos, entonces, para calmar el hambre, se trepó en las ramas altas y quiso comer la fruta del árbol. Se dio cuenta de que aquello no era fruta, ni cosa parecida. -¡Hermoso árbol! -dijo entonces el padre- para los pintores y poetas. Pero no produce fruta, su leña no sirve, y su sombra no dejaría florecer nuestro humilde jardín. Orgulloso, inútil y egoísta; más bien dejarlo solo. Vámonos a otra parte. (Dairieaux, Godofredo: Fábulas argentinas, “El Ombú”, Buenos Aires, 1945, Biblioteca Virtual Cervantes).

La sombra del ombú (Leyenda de la provincia de Buenos Aires)
Cuando la gente de una tribu pampeana terminó su primera siembra de maíz, festejó el acontecimiento alegremente con danzas y cantos rituales. Desde ese día los hombres fueron los encargados de cuidar el cultivo. Pero sucedió que al poco tiempo, la tribu se vio en peligro y la toldería vibró con gritos de guerra. Así fue que todos los hombres tuvieron que alejarse, dispuestos a defender sus dominios. Sólo quedaron los ancianos y un puñado de mujeres, encargados de las tareas cotidianas de la toldería, por lo que el cacique encomendó a su esposa Ombi, el cuidado de la pequeña siembra.
Pasaron muchos días, la dedicación de la mujer dio sus frutos y una tarde, conmovida descubrió los primeros tallos. Entusiasmada removía con sus manos la tierra, arrancaba los yuyos, y acarreaba agua para humedecer las plantas, sin descuidarlas en ningún momento. Pero ocurrió que una gran sequía azotó la región. Nadie recordaba otra igual.
Los ancianos de la tribu invocaron a los dioses protectores para que enviaran un poco de lluvia, pero no aparecía ni una pequeña nube en el cielo. Sin piedad, el sol desparramó sus rayos, que terminaron por resquebrajar la tierra y hasta secó la aguada cercana a la toldería. Después un viento caliente terminó por desolar la región.
Ombi desesperada comprobó cómo las plantas que habían conseguido crecer se secaban una tras otra. La india, ya casi no se alejaba del lugar y redoblaba sus cuidados por salvarlas.
Los días pasaban lentamente bajo aquel calor sofocante. En el lugar no existían árboles donde cobijarse, sólo los toldos daban una pequeña protección. Fue entonces que los ancianos de la tribu vieron asustados que Ombi envejecía día a día y temerosos por su vida, le rogaron que se quedara con ellos a la sombra de los toldos. Pero la mujer se negó a obedecer, resuelta a salvar aunque fuera una planta, para poder tener simiente al otro año.
Una mañana, el calor era tan abrazador que toda la tierra parecía una enorme hoguera: entonces que Ombi comprobó dolorida que del pequeño sembradío sólo quedaba una planta. Decidida a no perderla, se arrodilló llorando a su lado y la cubrió con el cuerpo para protegerla del sol, mientras que sus lágrimas humedecían la tierra reseca. Y ahí se quedó para siempre.
Pasaron los días y al ver que no volvía, su gente salió a buscarla. Lo único que hallaron fue una planta de maíz, que aunque débil se mantenía de pie, resguardada por la sombra de una hierba gigantesca que crecía muy cerca de ella.
Todos lloraron la pérdida de la india y en su recuerdo llamaron Ombú a aquella planta. (Leyendas Argentinas del Portal Argentina Misteriosa)

2 comentarios:

  1. viejoo,, buenisimaa la paginaa, disfruto mucho de las historias que has subido tambien

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  2. Que belleza de arbusto sin dudas la especie mas hermosa de arboles a mi parecer. La raiz es increible como es capaz de crecer y desparramarse para resultar un muy comodo lugar de descanso

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