martes, 8 de septiembre de 2009

Sauce

Sauce criollo (Salix humboldtiana)
Familia: Salicaceae.
Origen: Sudamérica
Otros nombres. Sauce llorón; Sauce criollo; Sauce amargo; Sauce chileno; Sauce colorado; Ibirá-pucú (palo colorado en guaraní); Huayaco / Wayaw (quechua)
Salix era el nombre que los romanos daban al árbol y que probablemente deriva de la unión de dos palabras celtas, sal (vecino/ próximo) y lis (agua), en alusión al lugar o hábitat preferido del género. (Flora Piacentina, Enumerazione Sistematica Delle Piante, Prof. Alberto Bracciforti, Piacenza, 1877). Humboldtiana en honor a Friedrich Heinrich Alexander Barón de Humboldt (1769 - 1859), conocido Alejandro de Humboldt, geógrafo, naturalista y explorador prusiano.

Árbol de follaje caduco, gran copa extendida de ramas péndulas y hojas simples, alternas, lianear lanceoladas, color verde claro, con ápice agudo y bordes finamente dentados. Es un árbol muy ornamental, apreciado en paisajismo por el porte de sus ramas.
Raíces muy extendidas. Se caracteriza por su rápido crecimiento y adaptación aunque prefiere suelos húmedos, la presencia del sauce es típica en las riberas de los ríos y demás cursos de agua..
Florece en primavera en coincidencia con la renovación del follaje; fructifica en verano.
Madera liviana, blanda y de fácil trabajabilidad.
Entre sus propiedades se mencionan la ornamental, forestal, maderable (embalajes, mangos de herramientas, muebles y carpintería rústicos, leña, etc.), melífera y medicinal.
Wikipedia refiere que "La corteza de sauce ha sido mencionada en antiguos textos de Asiria, Sumeria y Egipto como un remedio contra los dolores y fiebre y el médico griego Hipócrates escribió acerca de sus propiedades medicinales hacia el siglo V a. C.
Los indígenas americanos centraron en ella la base de sus tratamientos médicos.
El extracto activo de la corteza llamado salicina, fue aislado en su forma cristalina en 1828 por Henry Leroux, –un farmacéutico francés– y Raffaele Piria –un químico italiano– quien entonces tuvo éxito en separar el ácido en su estado puro, la salicina es ácida en una solución saturada en agua, y es llamada ácido salicílico por esa razón. En 1897 Felix Hoffman crea una versión sintéticamente alterada (en este caso derivada de la planta Spiraea) que era menos problemática para la digestión que el ácido salicílico puro. La nueva sustancia, ácido acetil-salicílico fue nombrada aspirina por la Bayer AG. Esto le dio una gran importancia al clasificarse como medicamento no esteroideo antiinflamatorio."


Sauces en Laguna Arguello y zona de Av. sarmiento altura 1400, Resistencia, Chaco


Las flores son unisexuales, dioicas y se reúnen en amentos, las masculinas de unos 7 cm de largo, amarillentas y las femeninas verdosas, de 3 a 4 cm de largo. El fruto es una cápsula ovoide color castaño que encierra numerosas semillas cubiertas de finos pelos algodonosos que facilitan la dispersión..


Fábula: El sauce y la calabaza (Leonardo Da Vinci 1452-1519)
El mísero sauce, encontrándose con que no podía gozar del placer de ver sus flexibles ramas tornarse tan gruesas como deseaba, o erguirse en alto, por impedírselo la vecindad de una vid o de alguna otra planta, por cuya culpa crecía sin ramas, estropeado y maltrecho, concentró en sí mismo todas las fuerzas de su espíritu y con ellas, abriendo de par en par las puertas de la imaginación, empezó en medio de continuas reflexiones, a buscar entre todas las plantas existentes, con cuál podría aliarse, que no necesitara de la ayuda de sus ramas. Y tras un rato de nutrida imaginación (notrida imaginazione), la idea de la calabaza asaltó súbitamente su pensamiento y le hizo sacudir con alegría todas sus ramas, por parecerle que había encontrado la compañía más conveniente a su propósito; ya que, en efecto, la calabaza es más apta a enlazar otras plantas que a ser por ellas enlazada. Y, tomada ya su decisión, extendió al cielo sus ramas, a la espera de algún pájaro amigo que le sirviera de intermediario para la realización de su deseo. Y
como viera allí cerca una urraca, dirigiole estas palabras: -¡Oh, gentil pájaro, yo te ruego, en retribución del socorro de cierta mañana, pocos días ha, te prestaron mis ramas cuando un hambriento halcón, cruel y rapaz, iba a devorarte, y por los momentos de reposo que sobre mí encontraste muchas veces, cuando tus alas lo pedían, y por tantos placeres como has gozado a mi abrigo mientras jugueteabas enamorado junto con tus compañeras: por todo eso te ruego que vayas adonde está la calabaza y le pidas unas pocas semillas, diciéndole que, una vez germinadas, yo las trataré tal como, si de mi propio cuerpo las hubiese generado; y emplea así todas aquellas palabras que la persuadan de cuál es mi intención, aunque a ti, maestra en el arte de hablar, no hay necesidad de aleccionarte. Y si haces esto, recibiré tu nido sobre el codo de mis ramas, en compañía de tu familia, sin que me pagues alquiler.
La urraca, después de convenidas con el sauce y ratificadas las capitulaciones, entre las cuales figuraba en primer término el compromiso de no aceptar como inquilinos ni serpientes ni garduñas, levantó la cola, bajó la cabeza y confió a sus alas el peso de su cuerpo. Y agitándolas por el aire fugitivo y dirigiendo curiosamente su vuelo aquí y allá con ayuda del timón de su cola, se acercó a una calabaza, la saludó amablemente con algunas buenas palabras, le pidió las deseadas semillas, las cuales entregó al sauce -que las recibió con alegre semblante-, y las plantó en la tierra en tomo del tronco, previamente removida con su pico. Las semillas brotaron al poco tiempo, y se desarrollaron formando un ramaje que cubrió el sauce y le quitó, con sus grandes hojas, la belleza del sol y del cielo. Y como si no bastara con tanto perjuicio, las calabazas que nacieron luego, empezaron a doblar con su excesivo peso las delgadas ramas de sus extremos, causándoles grandes incomodidades y dolores. El sauce agitábase y se sacudía inútilmente para arrojar lejos de sí las calabazas; pero los días pasaban en vanos y engañosos esfuerzos, pues la trama sólida y resistente, malograba sus intentos. Sintiendo pasar el viento, le pidió que soplara con violencia y el viento accedió a su deseo. Se abrió entonces hasta la raíz el viejo y hueco tronco en dos partes, las cuales se derrumbaron, con gran dolor del sauce, que hubo de reconocer que su destino lo condenaba a no ser feliz jamás.

Vínculos
El sauce, El eterno ciclo de la vida, por Miguel Herrero Uceda (en el Portal Ambiente Ecológico, Publicación Mensual de Divulgación de temas Ecológicos)