miércoles, 10 de octubre de 2007

Higuerón

Higuerón

Familia: Moraceae.
"Moraceae: El nombre de la familia tiene su origen en en el género Morus L., que a su vez tiene su origen en una palabra de la lengua celta, que significa "negro",aludiendo al color de los frutos maduros de M. nigra L."
Origen: Autóctono.
Otros nombres: Higuerón; Ibapoí (Ivá poí, Yvá po’y, Yvapoy, Ibapoy; Guapo’y, Guapoy); Higuerón bravo; Higuera estranguladora; Atrapapalo; Agarrapalo; Gomero indígena.
  • Ficus eximia Schott ex Spreng. Origen: Autóctono. Lugares donde se la ha encontrado (de acuerdo a las citas documentadas en el SIB): CHACO, CORRIENTES, FORMOSA, MISIONES.
  • Ficus luschnathiana (Miq.) Miq. Origen: Autóctono. Lugares donde se la ha encontrado
    (de acuerdo a las citas documentadas en el SIB): BUENOS AIRES, CHACO, CORRIENTES, ENTRE RIOS, FORMOSA, MISIONES. Sin. Ficus monckii de Ficus luschnathiana
Ficus, antiguo nombre de la higuera.
"Ficus: Aparentemente el nombre del género tiene su origen en la palabra latina fecunditas, o fecondita; que quiere decir "fecundo", aludiendo a las abundantes producciones de frutos que generalmente muestran estas plantas. Fam. Moraceae." (González, J.: “Explicación Etimológica de las Plantas de la Selva”, Flora Digital de la Selva, Organización para Estudios Tropicales) 
El epíteto luschnathiana conmemora a Bernhard Luschnath (1831-1883), recolector de plantas en Brasil.
Monckii (mono), higuera del mono. Estos primates se alimentan de sus frutos, desempeñando un papel fundamental en la dispersión de las semillas.
Sinónimos:
Ficus diabolica de Ficus luschnathiana
Ficus diabolica var. f. laurina de Ficus luschnathiana
Ficus diabolica var. f. major de Ficus luschnathiana
Ficus diabolica var. f. minor de Ficus luschnathiana
Ficus horquetensis de Ficus luschnathiana
Ficus ibapohi de Ficus luschnathiana
Ficus monckii de Ficus luschnathiana
Ficus monckii var. sanmartinianus de Ficus luschnathiana
Ficus speciosus de Ficus luschnathiana
Urostigma luschnathianum de Ficus luschnathiana
Higuerón / Guapoí en zona del Parque Ávalos, Resistencia, Chaco
Árbol nativo de gran porte que desarrolla una inmensa copa, considerado un árbol epifito por sus vigorosas raíces aéreas que al crecer van tomando la savia del árbol sobre el cual se aloja y terminan por cubrirlo y ahogarlo, de allí el nombre de Higuera estranguladora, Higuera brava o Atrapapalo.
El proceso se inicia cuando las aves o mamíferos que comen sus pequeños frutos (minúsculos higos) depositan sus semillas en cavidades o grietas de otros árboles, luego estas semillas germinan absorbiendo humedad y materia orgánica de la corteza en descomposición y van emitiendo raíces en todas direcciones, que aprisionan el árbol en el que se alojaron y descienden al suelo. Una vez que estas raíces llegan al suelo, se unen y fortifican convirtiéndose en un gran tronco que en su interior conserva los restos del árbol estrangulado.
En "Medicina Aborigen" se menciona que "Las heridas tórpidas fueron tratadas con jugos de plantas vesicantes, como el Guapoí entre los tupí guaraní.......Para las ulceraciones rebeldes, emplearon el Guapoí (Ficus), medicación que empleaban también para la anquilostomiasis...."Entre los antihelmínticos, la medicina Guaraní empleaba el latex de diversas especies de Moráceas, Pardal menciona entre otros al "Ficus anthelminthica Mart. (Coajinguva en tupí) Ficus doliaria Mart. conocida en el lenguaje popular con los nombres de Gamelleira y Lombrigueira branca, en el norte de Argentina con el nombre de Higuerón, Higuerón bravo y en Guaraní con los nombres de Guapoí e Ibá-pohy."
"El latex del Ficus anthelminthica fue usado por el aborigen Tupí-Guaraní para combatir la anquilostomiasis, la ascaridiosis y otras parasitosis. Sus propiedades fueron comprobadas por Martius (1843) y por los brasileños Coutinho, Silva Castro, Tixeira de Melle y otros. El Ficus doliaria, aunque de poder menor que el anterior, también se ha usado ampliamente."
"El latex de estas plantas procede de una secreción blanquecina obtenida naturalmente o provocada por incisiones hechas en el tronco o las ramas. Es un jugo denso, que en contacto con el aire se hace viscoso y se torna amarillento. Su sabor es acre y su reacción ácida...."
(Pardal, Ramón: "Medicina Aborigen Americana", Cuarta Parte: Drogas Americanas en la Medicina Moderna, Ed.Renacimiento, Ed. Nova. Primera Edic. Buenos Aires 1937)
En el Informe de la Comisión Exploradora del Chaco, Arturo Seelstrang refiere: "Yvapoy o higuerilla es un árbol grande que crece con mucha rapidez. Da excelente sombra por estar cubierto de hojas grandes como de 7 a 8 centímetros de ancho por 20 a 24 de largo. la fruta es del tamaño de una uva, llena de semillitas, como el higo, y muy sabrosa. la madera es floja y blanda." (Seelstrang Arturo: Informe de la Comisión Exploradora del Chaco, Primera Edición: Tipografía y litografía del "Courier de la Plata", Buenos Aires 1878; 2a Edic. EUDEBA 1977).
 Higuerón en zona Oeste de Resistencia (Chaco, Argentina)
La Biblioteca Virtual Temakel reproduce el ensayo "Los amigos árboles" Pequeñas historias de árboles ciudadanos, del escritor Girala Yampey, quien se refiere al Guapo'y en uno de sus relatos:
EL GUAPO’Y (Higuerón - Traga Palo)
"Cuando está crecido, es un árbol imponente, de grandes hojas ovaladas y gruesas. Sus ramas y sus raíces son vigorosas aunque sus frutos son pequeños higos que los pájaros comen y luego deyectan las semillitas en las horquetas de los demás habitantes vegetales. Allí, la minúscula simiente germina y crece alimentada por sus propias raíces aéreas, sin robar la savia del amigo que lo sostiene. Se sustenta como la Flor del aire. Poco a poco, sus largas raicillas bajan engrosándose hasta ser poderosas como troncos. Al llegar a tierra, se afirman y toman más fortaleza. Entonces, se convierte en sólido árbol que ahogará a su anfitrión. No es un parásito chupador de la savia ajena. Es que, siendo tan cariñoso, sus afectos tienen tal vigor que ahogan en sostenidos abrazos. Muchas veces, los pajaritos defecan en las propias horquetas del Guapo’y. Las semillas tragadas el día anterior, germinan allí y crecen abrazándose al padre, con peligroso cariño. Eso le da la mala fama que tiene para endilgarle todos los estigmas posibles: Traga palo, Asesino, Traicionero, Desagradecido y otros epítetos antojadizos. Y, verdaderamente es un constrictor vegetal, que luego de aprovechar la hospitalidad, estrangula lentamente a su anfitrión. Aún así, ¿acaso puede hablarse de maldad entre los árboles? Ninguno lleva ése sentimiento en sus savias. Se trata solamente del impulso de sobrevivir.
Pero, desde otros aspectos, el Guapo’y, ofrece varias bondades. Machacando sus ramas, se extrae un líquido lechoso muy bueno como purgante que también combate la anquilostomiasis y otros parásitos intestinales. Si crece en el suelo, se transforma en gigantesco árbol, capaz de cobijar bajo su sombra lo equivalente a una casa. Además, pueden ser usados sus perfiles como metafórica figura en la que, una insignificante semilla, abate al más fornido árbol o destruye un antiguo edificio, si no se toman precauciones.
Sin dudas, el Guapo’y es de cuidado. Siendo sus higuitos muy apetecidos por los pájaros, su población aparece por todas partes. Al hacerse ciudadano, no desprecia ningún lugar para echar raíces. Sus diminutas semillas se instalan en la corteza de árboles, en techos y rajaduras de paredes. Si se las deja crecer a su arbitrio, hasta derrumbará la casa. En ése caso: ¡Cuidado! Ha nacido un gigante. La pequeña plántula puede estar agazapada en cualquier sitio y su desarrollo conlleva muchos riesgos, ya esté en intersticios de la vereda, muralla, zócalo, techo o cualquier otro lugar. No respeta ni los edificios históricos. Por supuesto, él nada conoce de historias, sólo sabe que ésas casas antiguas les ofrecen murallones de adobe, ideales para germinar y crecer. En cuanto alcance la feracidad de la tierra, sus raíces podrán hender las paredes o lo que fuere. Aunque su madera es blanda, casi fofa, en la medida de su crecimiento, sus raíces se constituirán en poderosas garras.
Conozco muchas historias sobre el Guapo’y, además de una hermosa leyenda aborigen. Recuerdo que, a poca distancia del casco de una estancia en Tava-i, había uno tan grande que parecía un galpón. Según me contó el Capataz, creció ahogando a su protector, una palmera de Yata-i, para convertirse en árbol de grandes dimensiones con un enorme espacio de sombra. Copudo y útil, un día, por estar sobre suelo muy arenoso, intensas lluvias aflojaron sus sostenes y una tormenta lo derrumbó. Pero, sin amilanarse, con sus raíces al aire, improvisó otras que sirvieron de anclaje y sustento. Acostado, siguió manteniendo su monumental cáliz. Lo utilizaban como lugar de desensille de los montados, para dejar a su sombra el sulky o el carro, y como depósito de postes que se apilaban parados entre sus innumerables y gruesas raíces formando un verdadero laberinto, refugio de cluecas y otros animalitos. Era realmente portentoso el servicio que prestaba a la peonada durante los momentos de descanso y espera.
En la ciudad, es combatido en toda forma. Es cierto que, si se lo deja prosperar, los daños causados son importantes pero, muchas veces, es la misma desidia del propietario, la que permite que se ocasione el perjuicio, por no sacarlo a tiempo de su pared o techo. La culpa no es sólo del árbol. Es común escuchar el ulular del viento entre sus hojas, como es común que se le endosen las peores calumnias. El Guapo’y no se inmuta por ello, sigue siendo un constrictor vegetal, una boa que va ajustando sus anillos en lento y letal crecimiento, pero se trata de la sobre vivencia."

El árbol cruel (iguapohú)
En la selva correntina existe un árbol de antipática y mortal exuberancia: el llamado higuerón, o 'iguapohu' en idioma guaraní. Es un árbol alevoso y cruel, que parece poseer un alma humana. Los loros al detenerse en la copa de los yataís o palmeras para comer sus frutos llevan con ellos, sin saberlo, la simiente del higuerón, que dejan en sus hojas. La atmósfera ha depositado entre estas hojas una pequeña cantidad de tierra, que humedece la lluvia.
Ésta y el calor solar se encargan de hacer florecer la siembra de los loros, y en la copa del yatay nace al poco tiempo una fina enredadera que el viento hace oscilar. La enredadera, débil y frágil, va rodeando el tronco en amoroso abrazo, hasta que alcanza el suelo. Una vez que lo toca echa raíces y se transforma en árbol. Entonces la esbelta y tímida enredadera engruesa considerablemente y su contextura se hace leñosa. Las espirales, antes tiernas y quebradizas, se robustecen apareciendo como un tronco de parra unido al pie de la palmera.
Se extienden más sus raíces en el subsuelo y aumenta entonces el volumen de sus anillos, convirtiéndose en una verdadera boa constrictor, que con sus espirales leñosas oprime al pobre yatay que le dio vida y apoyo cuando era débil. Sigue en su enroscamiento y constricción hasta que la pobre palmera, oprimida y estrangulada, desfallece, se seca y muere en el interior del nuevo árbol, salido de ella para ser su verdugo.
La primitiva enredadera ha confundido ya sus anillos leñosos en un solo tronco cuyas ramas se extienden por todos lados. Solo en el vértice unas hojas de palmera secas y muertas, que esperan un huracán para esparcirse. El resto, o sea el tronco, queda sepultado para siempre en leñosa mortaja dentro de las entrañas del gigante asesino. Dícese que este higuerón alevoso y cruel, modelo de ingratitud, tiene un alma humana.
(Mitos y Leyendas, Instituto Vuelta del Ombú, Virasoro, Corrientes)

Vínculos
Los Amigos Árboles, por Girala Yampey en la Biblioteca Virtual Temakel de Esteban Ierardo

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, muy bueno el blog. Quiero comentarles que tenía un ejemplar de estos en el patio de casa, y era una sombra buenisima y fresca. Pero... cuando sus frutitos maduran se acercan muchisimos muerciélagos al atardecer y si hay niños en la casa no es muy bueno. Gracias!