sábado, 29 de septiembre de 2007

Ceibo

Ceibo (Erythrina crista galli)
El nombre del género Erythrina deriva del griego erythros que significa rojo, escarlata; el epíteto crista-galli: cresta de gallo (latín), por la forma y color de sus flores.
Familia: Fabaceae.
Lugar de origen: Sudámerica (Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay)
Otros nombres: Seibo, Bucaré, Zuinandí, Árbol coral, Cachimbo, Cresta de gallo, Cresta del pavo. Los bolivianos también le dicen Gallito, Pico de gallo, Cosorió y Chilicchi.
En nuestro país encontramos:
  1. El ceibo común de la región mesopotámica. Erythrina crista-galli L. "ceibo", “árbol de coral”
  2. El ceibo del Chaco y Formosa. Erythrina dominguezii, Eritrina Chacoensis Hassl. “ceibo rosado”, “ceibo chaqueño”, “ceibo formoseño”
  3. El ceibo de Salta, Jujuy y Tucumán, tiene mayor altura y flores con un colorido más vistoso. Erythrina falcata Benth."ceibo salteño", “ceibo jujeño”, “ceibo del Tucumán”, “ceibo rosado”
La Flor del Ceibo (Erythrina crista-galli) fue declarada “Flor Nacional Argentina” el 23 de diciembre de 1942, por Decreto Nº 138.474/42.
 
Árbol nativo de follaje caduco, tronco tortuoso y corteza muy fisurada. Copa extendida de forma irregular, ramas arqueadas y con aguijones. Florece en grandes racimos colgantes de flores carnosas, color coral o rojo intenso, con estambres amarillentos.
Las inflorescencias se extienden en las ramas en forma terminal.
Las hojas son verde oscuro.
C
rece preferentemente en zonas ribereñas del Paraná y del Río de la Plata, pero también se lo puede hallar en zonas cercanas a ríos, lagunas y zonas pantanosas. En climas templados y cálidos se comporta como semiperenne.
Resistencia, Av. Sarmiento hacia ruta Nicolás Avellaneda

Al describir la flora del Gran Chaco, Luis Jorge Fontana hace referencia al "Chopo, zuinandí, ceibo, erythrina: este árbol, que se encuentra en las orillas de los ríos, y en todos los puntos bajos y pantanosos, es inútil con respecto a su madera, tan ligera y floja, que solo puede emplearse para las balsas improvisadas, en que los indios y también los paraguayos y correntinos cruzan los ríos durante las épocas de las crecientes. De otro modo el ceibo interesa mucho como planta de adorno, por su follaje elegante y vistosas flores de un rojo muy vivo, que en forma de racimos se manifiestan por el mes de noviembre.Estas flores tiñen de color morado, y los indígenas las mezclan con una especie de bledo colorado, dando lindos tintes a sus tejidos; es árbol grande, y su corteza fina y viscosa; según el P. Segismundo es muy eficaz y único remedio para que no se inflamen las heridas producidas por la uña o diente del tigre; esta virtud, según él, se encuentra en el cocimiento de la corteza o de cogollos y de brotes tiernos, pudiéndose hacer un bálsamo que se conserva y es muy útil en los viajes. El tigre con frecuencia araña profundamente la corteza de este árbol, con el objeto según los naturales, de refrescar y aligerar sus garras cuando se prepara a la pesca o a la caza." (Luis Jorge Fontana: "El Gran Chaco", Ed. Solar, Hachette, Buenos Aires, 1977, pg. 182)

LEYENDA
EL CEIBO (“Leyendas argentinas en la voz y en la pluma de Inés Márquez”, 1957. Compaginación de Victoria Mabel Romero, Museo Histórico Regional Ichoalay, Resistencia, Chaco)
"Ya florecen los ceibos... y, en las costas del Paraná, parecen borbotones pregonando el sacrificio de una india que – lo dice la leyenda- se ofreció en aras de la libertad. Bello holocausto de princesa india. Era hija de un cacique. Tenía la bravura heredada de su estirpe... y los guerreros la llamaban cariñosamente “Anahí”: Malita..
Si, era brava Anahí...
Un día se enfrentaron el acero español y la flecha guaraní.
El león de Castilla y el yaguareté de las costas del Paraná estaban frente a frente. Todo parecía impregnado de una inquietud expectante...
Hasta los pájaros desde sus nidos contemplaban la escena; el sol ponía color y brillo en los aceros... y el agua rumorosa entonaba, con la fuerza de la corriente, una marcha guerrera con acentos de profecía...
De pronto, el cacique dobló la testa poblada de sudor... y una mancha roja... bien roja, parecía fatídica llamarada en el pecho del guerrero guaraní.
El poniente se teñía a la distancia con tintes de agonía; y...
mientras los hombres de la tribu huían en dolorosa derrota por la muerte de su jefe... el español tornaba al barco... pero esta vez la victoria dejaba en él un sabor amargo... muy amargo: en la costa había caído un valiente.
Anahí no huyó... ; Anahí palpó la herida fresca del indómito padre. Y... una fuerza loca... fuerza selvática
de virginal fiereza en que florecía su raza, la obligó a erguirse.
Los vientos llevaron su grito de guerra... y las huestes convocadas acudieron al combate.
El testimonio de la luna que se asomaba curiosa reemplazó al ardiente testigo que se ocultó de prisa.
Anahí cayó prisionera... y la oscura bodega del barco fue su calabozo.

Ella... Ella..., en el oscuro calabozo sin ver el sol..., sin contemplar la luna..., sin mirar la tierra... sin gritar sus derechos!
Uno tras otro los lebreles y carceleros fueron cayendo. Anahí parecía una débil mujer... Pero era una cachorra de tigre americano... heredera de una estirpe que no quería entregarse.
Ya había caído el tercer centinela en vergonzoso y oscuro combate allá en la bodega del barco español... y, la ira del capitán no tuvo límites. Esa rebelde merecía la hoguera.
La leña colocada al pie de un árbol ribereño... y sobre los leños:
Anahí, fuertemente atada al tronco..
Ya subían las lenguas de fuego envolviéndola toda... y el tronco amigo pareció suspirar hondo... muy hondo. El corazón del árbol hospedó a la bella muchacha a quien los españoles vieron desaparecer.
Poco después, en las ramas del árbol generoso, brotaron flores rojas... bien rojas que agitadas por el viento parecían desgranarse en arengas.
Es Anahí que, año tras año, sigue gritando a todas las generaciones, que nunca es más bello el precio de la sangre que cuando se vierte en defensa de la libertad.
...... Un gorro frigio nos habla con elocuente simbolismo desde el
corazón de nuestro Escudo Nacional... y mientras recordamos con los maestros argentinos que “Dios hizo a los hombres y soberanos a los pueblos”, en las costas del Paraná los ceibos empiezan a florecer."

ANAHÍ (Canción paraguaya que musicaliza la leyenda de la flor del ceibo)
Anahí...

las arpas dolientes hoy lloran arpegios que son para ti
recuerdan acaso tu inmensa bravura reina guaraní,
Anahí,
indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí.
Anahí, Anahí,
tu raza no ha muerto, perduran sus fuerzas en la flor rubí.
Defendiendo altiva tu indómita tribu fuiste prisionera
Condenada a muerte, ya estaba tu cuerpo envuelto en la hoguera
y en tanto las llamas lo estaban quemando
en roja corola se fue transformando...
La noche piadosa cubrió tu dolor y el alba asombrada
miro tu martirio hecho ceibo en flor.
Anahí,
las arpas, dolientes hoy lloran arpegios que son para ti
recuerdan acaso tu inmensa bravura reina guaraní,
Anahí, indiecita fea de la voz tan dulce como el aguaí.
Anahí, Anahí,
tu raza no ha muerto, perduran sus fuerzas en la flor rubí.

Una estampilla Argentina recuerda al histórico "Seibo jujeño de Alvear", centenario ejemplar de la especie Erytrhina falcata Benth, que fuera plantado por Torcuato de Alvear en 1878, en la Plaza General Lavalle (Buenos Aires), casi sobre el cordón de la vereda por Tucumán hacia Talcahuano.
Vínculos
Sobre el Bucaré en Los árboles de Mérida (venezuela)
“Erythrina Spp - Registro Civil Silvestre", columna a cargo de Adolfo Moreno, naturalista y escritor. (Diario El Deber, Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 30, septiembre de 2007)

3 comentarios:

Dan dijo...

Tienes mucha información aqui sobre el Ceibo. La ultima foto es impresionante!

silvia kruchowski dijo...

Hola, el ceibo misionero, que especie es?
Gracias

silvia kruchowski dijo...

Gracias por la info!!!
Ya te enlacé a mi blog!! Con la foto de mi seibo.
Cariños!!